¿QUÉ SIGNIFICA LA RESPONSABILIDAD PARA EL LIBERTARISMO?

Desde que inicie este camino de divulgación –hace más de un año–; nunca había presenciado una situación tan propicia para abordar la importancia que merece el tema de la responsabilidad individual y su significado para el Libertarismo.

El 24 de agosto de este tenebroso 2020, el Presidente de la República de Colombia hizo el anuncio más esperado por todo el país: “este 1 de septiembre, finaliza la fase de aislamiento obligatorio y ahora, inicia el aislamiento selectivo” (fuente AQUÍ). Esta nueva fase consta de un solo pilar que es el compromiso del individuo, respecto a las medidas necesarias para evitar la propagación del COVID-19. Al final, y como siempre lo vaticine a lo largo de mis artículos sobre el tema, nosotros –y cuando hablo de nosotros me refiero a cada ciudadano– tenemos el verdadero control para evitar cualquier desgracia; incluso por encima de esa institución llamada Estado.

Pero antes de profundizar en ello, primero respondamos…

¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD DENTRO DEL LIBERTARISMO?

Como respuesta corta, la responsabilidad es la única cualidad que identifica si en verdad eres un ser libre; y no existen términos medios para esta valoración. Un individuo que no asume por los motivos que fuesen las consecuencias de sus actos, es un individuo que no es libre ante la mirada del Libertarismo, ya que seguramente su actuar estará condicionado por ese que si asume dichas consecuencias. Pero pongamos un ejemplo:

Imaginemos a un niño que, con un balón de futbol, parte un vidrio en la casa de un vecino con o sin intención. Obviamente, las consecuencias directas del acto no las asumirá el niño, sino sus tutores legales. Ellos, como custodios, tendrán que ofrecer las explicaciones, excusas y reparaciones que el afectado considere necesarias para dar por saldado el daño. Mientras que el niño sólo recibe una consecuencia derivada y seguramente menos grave por partes de sus tutores –en palabras simples, a lo mucho será castigado sin salir a jugar–. Pero de esto, nace otra pregunta:

¿Por qué los tutores y no el niño, son los individuos verdaderamente libres?

Al principio, se puede pensar que los tutores, por su propia calidad, son las personas que están siendo restringidas en su libertad por la obligación de asumir las consecuencias. Mientras que el niño, si es un ser verdaderamente libre; ya que su actuar está “protegido” de cualquier consecuencia que este genere.

Claramente el planteamiento anterior es totalmente equivocado. Esto es porque, los tutores, se han adjudicado de manera libre y voluntaria asumir las consecuencias de un tercero. Mientras tanto el niño no es un ser libre y esto es porque, aún cuando realizó la acción que desencadena la situación, este seguramente estaba jugando en la calle con permiso y vigilancia consiente de sus tutores. Además, su actuar estaría también regulado por ellos y ni hablar en términos de espacio y tiempo –o sea, el perímetro y hora permitidos para jugar–.

Por último y no menos importante, el niño recibirá un castigo y serán los tutores quienes decidan con que severidad debe ser. Y he aquí el gran punto de toda esta extensa explicación:

“Cuando cedemos las consecuencias de nuestros actos, siempre, la libertad será el precio por pagar.”

Llevándolo a la realidad

Teniendo las cosas claras, es hora de abordar el tema en cuestión. En esta nueva fase de cuarentena que inicia, el tóxico y paternalista Estado colombiano –el tutor–, le está brindando a los ciudadanos –los niños– un espacio y tiempo determinados para que puedan reactivar su vida económica y en menor parte la social –salir a jugar–; eso sí, cumpliendo los protocolos de bioseguridad –sus reglas–.

Lo más lamentable de esto, es que el colombiano promedio se siente totalmente cómodo y feliz con esta situación. Seguramente, si mañana se disparan los contagios debido a la irresponsabilidad ciudadana, muchos en vez de culpar a los reales responsables, correrán a Twitter a figurar como profetas, diciendo que era obvio que sucedería –sin faltar el politiquero oportunista y ponzoñoso que pescará votos en este río revuelto– y echarle toda el agua sucia al gobierno.

No son capaces de procesar que esto sólo promueve el avance del Estado por encima de la casi nula libertad que gozamos en este país, haciéndole juego claramente a los políticos totalitarios que acechan en las sombras bajo la frazada progresista. Y cuando vean que por ley será decidido hasta lo que comerán –igual que la potestad de los tutores en el ejemplo–, entonces vendrán los lamentos y las lágrimas.

Para los que si nos preocupamos

La única forma real de recuperar el control de nuestra libertad es demostrando que somos capaces de actuar teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos. Esta es la mayor lección que el Libertarismo me ha dado hasta ahora. Y es lo que precisamente requiere esta nueva fase de la emergencia, para que sea un éxito. Ser responsables con nuestra propia salud y la de terceros que, aunque no la hemos aceptado de manera voluntaria, el virus nos obliga a estar pendiente. De lo contrario, vendrá nuestro tutor y nos castigará por habernos portado mal.

La gran diferencia entre el ejemplo y la realidad es que el tutor del ejemplo seguramente quiera mucho al niño y no sea tan severo en su castigo. Pero en el caso de la realidad –el Estado–, la historia ha demostrado que cobra las faltas en sangre.

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Carlos Noriega

Administrador de empresas con ocho años de experiencia en formulación y ejecución de proyectos productivos de capital privado, público y mixto

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