EL MURO QUE NO CAYÓ

El pasado 09 de noviembre, se cumplieron 31 años de la caída del muro de la vergüenza. Del único muro fronterizo que se ha construido para retener a personas y no evitar que ingresen; hablo pues, de la caída del Muro de Berlín.

Este gran logro de la libertad sobre los modelos totalitarios y colectivistas –en específico el comunismo–, debió ser el punto y final de cualquier gobierno que aspirara a ser liberticida, pero tristemente, no sólo no es así, sino que presenciamos en pleno siglo XXI como países siguen sucumbiendo y colapsando por los horrores que estas doctrinas acarrean. Lo que nos hace preguntar ¿Por qué, aun con toda la evidencia, se sigue cayendo en ese letal romance con el totalitarismo?

CAYÓ UN SÍMBOLO, NO LA IDEA

Lo primero que hay que admitir, es que la caída del Muro de Berlín, aunque cargado de un fuerte simbolismo, no fue lo suficiente para extinguir a las ideas del socialismo/comunismo en el mundo. Se dio por sentado que el suceso era lo suficientemente impactante para destruir cualquier nido donde pudieran prosperar dichas doctrinas; pero nada más lejos de la realidad.

Claramente, se subestimó una de las características más importantes de los socialistas/comunistas, la cual consiste en saber mentir y extrapolar culpabilidades de sus estruendosos fracasos. Señalo obviamente, a la típica frase eso no era verdadero socialismo, una recalcitrante y barata excusa que parece una burla a la inteligencia, pero que en manos de un ponzoñoso y hábil mitómano, puede hacerse pasar por verdad ante las masas. Lo que me lleva a mi segunda razón:

EL DISCURSO FACILISTA

Estos mitómanos, saben perfectamente la carga valorativa de palabras importantes en la mayoría de los léxicos. Se pueden mencionar términos muy usados en Colombia como “gratis” y “universal”, y “democratización”. Los dos primeros, nunca faltan en cualquier discurso y sirven de promesa para crear derechos políticos con esas características. El último –democratización– no es más que disfrazar a la expropiación; sea directa o indirecta.

Los que estudiamos el liberalismo, sabemos perfectamente que estas promesas son una gran mentira. Esos “derechos” son siempre servicios excluyentes –en el sentido económico de la palabra– y siempre tienen un alto costo que debe asumirse vía subida o creación de impuestos; limitando la libertad económica y alimentando la pobreza multidimensional que esta trae consigo. Los totalitarios se arman de estos términos falaces y estructuran un discurso político muy idealizado con un poder de seducción tan fuerte; que ha sepultado la mayoría de las lecciones de la caída del muro.

EL VIRUS MUTÓ

Al mejor estilo de las organizaciones criminales cuando son expuestas, el comunismo que fracasó en la caída, se cambió de nombre y creó una nueva marca: el progresismo. Este “lavado de imagen” ha sido altamente efectivo en las nuevas generaciones que, acompañado con el discurso facilista, han encontrado un pensamiento político que les cumple todos sus deseos.

Este bajo recurso, hace que los jóvenes se radicalicen a tal punto de señalar al sentido común o a la ciencia de “machista”; como tristemente me ha tocado presenciar y seguro a usted en las redes sociales. Las viejas estructuras comunistas están en una especie de sombra como Partido Comunista Colombiano, pero poseen una hermandad con partidos políticos progresistas muy fuertes. Esto se extiende, y también infectan, cuanto movimiento civil nazca. Por eso vemos a “feministas” con camisetas del genocida Che Guevara o a los miembros de la comunidad LGTBI pidiendo a gritos medidas económicas de Marx.

Sobre este apartado me gustaría dejar una propuesta a todos los que estamos día a día en la lucha por la libertad, y es que necesitamos emular este método y que los movimientos civiles abanderen los principios liberales por encima de cualquier partido político. Como ejemplo, podemos ver a los jóvenes argentinos grafiteros dejando el mensaje: Less Marx More Mises.

LA EMOTIVIDAD COMO DISCURSO

El punto culmen, fundamental y central de tener un discurso facilista y haber hecho un lavado de imagen, es el de poder incrustar en la mente de las personas que, los argumentos emotivos, son más relevantes e importantes que los hechos. Esto se hace para evitar la reflexión más elemental de cualquier tema, ya que están revestidos de una nueva moralidad. El modus operandi es simple: mientras que un liberal argumenta las cifras y evidencias científicas que respaldan su argumento, los progresistas –ya sea en un discurso o debate– comienzan a narrar la triste historia de una persona entretanto lloran haciendo pausas dramáticas.

Aunque no es una evidencia literal de lo anterior, dejo el siguiente tweet de esta “abogada” que valida la omisión de la presunción de inocencia, pilar fundamental en cualquier sistema judicial, argumentando con base en la emotividad:

Nosotros, como medio liberal, no podíamos permitir semejante atropello y por eso respondimos:

Sobra decir que esta es una de las admiradoras de Petro con mayor caudal de seguidores en Twitter; y que los bombardea continuamente con este tipo de comentarios.

Como conclusión puedo decir que, aunque la sed de libertad destruyó el muro físico de Berlín –marcando la victoria en una batalla–; ahora tenemos varios muros que se han erigido en la mente de las personas para frenar sus ansias de libertad. Evidentemente ¡Estamos perdiendo la guerra!

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Carlos Noriega

Administrador de empresas con ocho años de experiencia en formulación y ejecución de proyectos productivos de capital privado, público y mixto

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