LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO

El problema fundamental de la vida humana es económico, es decir, cómo emplear recursos escasos para satisfacer necesidades infinitas.

Luego, el trabajo es transformar a través del esfuerzo mental y físico el entorno a nuestro favor para satisfacer necesidades y deseos. Es por esto que vivir y trabajar son tan inseparables como el aire y la respiración, pues es la transformación continua de los recursos escasos con el propósito de satisfacer las necesidades que nos permiten vivir. Por ejemplo, si no nos alimentamos moriremos rápidamente, para alimentarnos necesitamos recolectar o producir comida, y para lograrlo es necesario trabajar.

De este modo, solo es posible vivir de dos maneras: del trabajo propio o del trabajo ajeno.

Vivimos del trabajo propio cuando somos nosotros mismos los que nos proveemos de los bienes necesarios para poder vivir (alimento, calzado, vestido o techo) mediante el fruto de nuestro trabajo –se podría decir, por ahora, que de nuestro propio salario–.

Y se vive del trabajo ajeno, cuando, por ejemplo, somos niños, ya que los niños viven del esfuerzo (trabajo) de los padres. También existen adultos totalmente capacitados que viven o pretenden vivir del fruto del trabajo ajeno, y aquí hay, nuevamente, dos alternativas:

  • Se vive de la caridad y la buena voluntad. Por ejemplo, los indigentes o los enfermos que viven de las donaciones que dan otras personas de su trabajo.
  • Se vive del robo o la confiscación por la fuerza del fruto del trabajo ajeno. Esto puede ser a través de un robo directo o la expropiación por parte de grupos organizados de la propiedad privada, como por ejemplo, el Estado a partir de los impuestos.

El Estado no puede dar nada sin antes haberlo quitado o confiscado a alguien más por la fuerza. Es una mentira decir que este financia a los ciudadanos, pues es todo lo contrario; son los ciudadanos los que financian al Estado por medio de los impuestos que se les cobra de manera obligatoria.

  • Todo lo que el Estado da como “gratis” en realidad no lo es, ya que es el fruto del trabajo ajeno.
  • No hay nada gratis, alguien siempre tuvo que trabajar para poder producirlo.

El afirmar que se tiene derecho a algo gratis es equivalente a afirmar que se tiene derecho sobre la propiedad privada de otra persona.

El deseo de querer vivir mejor cada día nos incentiva a trabajar, transformar y acumular más y mejores recursos, pero el robo continuo o el saqueo nos desincentivan. Es por esto que los impuestos demasiado altos desestimulan el trabajo, pues los excedentes de nuestro trabajo, es decir, lo que queremos acumular para vivir mejor, se los lleva otra persona que no ha hecho nada para conseguirlos. Así, se impulsa a las personas a que no trabajen y mejoren su vida por sí mismas, sino a que sea otro el que trabaje.

NOTA:

Este artículo está basado en el libro El economista callejero de Axel Kaiser.

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Jair Viana

Director de Investigación de Libertank. Analista económico y financiero, y columnista para varios medios con estudios especializados en políticas públicas, crecimiento económico y estabilidad. Amplia experiencia en gestión de activos, planificación financiera y macroeconometría.

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