Estamos destruyendo la base de la prosperidad: la libertad. Hace unos días, la fundación estadounidense Heritage publicó la última versión de su Índice de Libertad Económica: Colombia cayó del puesto 62 al 84, marcando cuatro (4) años consecutivos de declive y pasando de ser considerado un país moderadamente libre a uno mayormente reprimido. Este índice evalúa componentes cruciales para la libertad económica y la facilidad para hacer negocios como el Estado de derecho, el tamaño del Estado, la eficiencia regulatoria y la apertura de los mercados, todos esenciales para la salud económica de una nación.

Las causas del declive de Colombia son múltiples. En primer lugar, nuestro sistema judicial altamente ineficiente y plagado de riesgos de interferencias políticas y corrupción, lo cual impide la igualdad ante la ley y destruye la libertad; asimismo, la inestabilidad jurídica desanima la inversión y debilita el mercado. Por otro lado, el constante ataque a los derechos de propiedad, los cambios en las reglas del juego, los incumplimientos de contratos y el aumento del riesgo de expropiación minan la seguridad jurídica, pilar fundamental para atraer inversiones. Adicionalmente, la mala gestión fiscal, caracterizada por déficits crecientes y una deuda en aumento que genera incertidumbre económica, desanima la actividad empresarial y envía señales negativas al mundo. Finalmente, los elevados costos no salariales en Colombia, que sumados a una alta tasa de informalidad laboral, desincentivan la creación de empleo formal y debilitan la economía.

La libertad económica es primordial para la prosperidad de un país. Las naciones más libres no solo son más ricas, sino que sus ciudadanos disfrutan de un mayor bienestar.

La libertad económica también se ve afectada por la retórica del presidente Petro, quien equipara la libertad de mercado con la opresión y la ha comparado con el nazismo o el fascismo. Estas afirmaciones, cargadas de odio e ideología, ignoran que la libertad económica, lejos de ser una herramienta de opresión, ha sido el motor del progreso y bienestar global. El avance del capitalismo ha reducido la pobreza extrema de 85 % de la población mundial en 1800 a 8,4 % en 2022. Los países más libres son diez (10) veces más ricos que los reprimidos. Además, en estas naciones más libres, incluso el 10 % más pobre vive en condiciones dos (2) veces mejores que el ciudadano medio de los países menos libres. La libertad económica también se correlaciona con otros indicadores positivos, como un mayor cuidado del medioambiente, la innovación, una democracia más sólida y mayor seguridad.

¡Colombia vive un momento decisivo! Seducidos por narrativas falsas e ideologías fracasadas que solo han multiplicado la pobreza, nos acercamos peligrosamente a la esclavitud. Esta esclavitud nos despoja de nuestra libertad individual para someternos al capricho del líder, transformando ciudadanos en súbditos. La disyuntiva es implacable y clara: o nos dedicamos sin vacilaciones a cuidar la libertad y la iniciativa empresarial, o caemos en la esclavitud de un régimen autoritario. Frente a nosotros está la elección: libertad con empresarios o esclavitud bajo un autócrata, quien por mantener a la nación nos obligará a trabajar donde no deseamos, en condiciones que no elegimos y a cambio de una miseria. ¡A cuidar la libertad, carajo!

NOTA:

La versión original de este artículo apareció por primera vez en el Diario La República (Colombia).

Camilo Guzmán
Camilo Guzmán

Administrador de negocios de la Universidad EAFIT. Especialista en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de la Universidad Externado de Colombia y de Columbia University, y Magister en Políticas Públicas de Queen Mary University of London. Fue becario Chevening: beca otorgada por el Gobierno británico a futuros lideres.

Ha trabajado en el Senado de la República de Colombia. En el sector privado ha sido docente de cátedra en la Universidad de La Sabana, y actualmente se desempeña como Director Ejecutivo del tanque moderno de acción LIBERTANK.

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