El mercado laboral es como una pista de baile: los empresarios son los encargados de elegir la música para la noche y los trabajadores son los bailarines principales del evento. Si el Gobierno interviene demasiado, como un guardia de seguridad estricto, limita la libertad de los bailarines y los empresarios para elegir la música y el estilo de baile que prefieren. Además, si se ponen muchas reglas, algunos bailarines pueden no ser contratados porque no encajan en el estilo de música que está sonando. Para que todos puedan disfrutar de la fiesta, es importante que los empresarios y los trabajadores tengan la libertad de negociar y elegir su propio estilo de baile, con bajas restricciones.

El mercado laboral es uno de los más intervenidos y regulados. La intervención del Gobierno impide que funcione correctamente, con altas tasas de desempleo, informalidad, precariedad y pobreza. Es por ello que la libertad de pactar acuerdos entre empleados y empleadores es fundamental para el buen funcionamiento de este.

Los altos costos no salariales hacen que sea inviable contratar a más trabajadores. Ello se debe a que es más costoso lo que hay que pagarles que lo que ellos pueden producir. Adicional, los trabajadores con menor productividad, ya sea por falta de experiencia, pocos conocimientos técnicos o limitaciones físicas, son condenados al desempleo al no poder negociar libremente su remuneración en función de su productividad.

La nueva reforma laboral del Gobierno es peligrosa y podría impedir la creación de bienestar, desarrollo, emprendimientos y empleos en el país. Algunos de los artículos más preocupantes son el 4 y 12, que plantean una autorización judicial para despedir a personas que son madres o padres cabeza de familia, discapacitados con o sin certificación, mujeres en embarazo, entre otros; esto elimina los incentivos para contratar a dichas personas, dejándolas desprotegidas. Por otra parte, establecen una serie de pasos mínimos y obligatorios que deben seguir los empresarios para terminar una relación contractual, haciendo más largo y costoso el proceso de despido. Todo, desestimula el contratar a más personas, ya que cuanto más difícil y costoso sea despedir a alguien, más difícil será contratar.

Es importante entender que el mercado laboral es un mercado movido por empresarios que buscan obtener los beneficios del comercio. Los trabajadores, por su parte, intentan ubicarse en un puesto donde puedan prestar sus servicios en función de su experiencia, conocimientos y deseos, y ser remunerados por ello. Para que las señales del mercado laboral sean ágiles y flexibles, se necesita la menor cantidad posible de barreras que entorpezcan y dificulten la transmisión de las señales que emiten los empresarios.

Dejar que el mercado laboral funcione libremente es como dejar que la pista de baile fluya al ritmo de la música elegida por los empresarios y bailada por los trabajadores. La intervención del Gobierno sería como un guardia de seguridad estricto que limita la libertad de movimiento y elección de los bailarines, lo que impide que la fiesta –donde se genera riqueza y bienestar– sea divertida y satisfactoria para todos. Por lo tanto, es fundamental que #DejenCamellar.

NOTA:

La versión original de este artículo apareció por primera vez en el Diario La República (Colombia).

Jair Viana
Jair Viana

Director de Investigación de LIBERTANK. Analista económico y financiero, y columnista para varios medios con estudios especializados en políticas públicas, crecimiento económico y estabilidad. Amplia experiencia en gestión de activos, planificación financiera y macroeconometría.

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