DONALD TRUMP: LA CAÍDA DE UN “MONARCA”

El próximo 20 de enero será la fecha donde termine el “reinado” de Donald Trump sobre la nación más próspera del mundo; ese día deberá entregar las llaves de la Casa Blanca a favor de Joe Biden o serán las fuerzas armadas las que tengan la vergonzosa labor de escoltarlo por la puerta trasera. Algunos sectores “liberales” han optado por enaltecerlo como “el último bastión de la libertad frente al absolutismo que representa el socialismo” o su versión light “la socialdemocracia”. En el presente artículo mencionaremos sus aciertos y desaciertos durante su permanencia en la Casa Blanca.

UNA POLÍTICA EXTERIOR CON ACIERTOS

En 2016 –año en que se eligió al magnate norteamericano–, correspondían toda clase de noticias que calificaban al hoy presidente como la fórmula ideal para conflictos armados de escala mundial. Su personalidad explosiva, su perfil de “políticamente incorrecto” y su inexperiencia en la administración pública; sustentaban las diferentes noticias que hoy representan un ejemplo de lo que fue una manipulación mediática masiva.

El alivio parcial a la tensión histórica con Corea del Norte, y la mediación entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel para la celebración de un acuerdo de paz y demás países de la zona con Tel Aviv; se encuentran dentro de los logros en la política exterior del presidente Trump.

Sin embargo, el presidente se ha quedado corto en su iniciativa de retirar tropas de los países de Irak y Afganistán; así como en la desfinanciación de la OTAN, la cual es una organización obsoleta desde la caída de la Cortina de Hierro y el fin de la Guerra Fría. Al respecto, el Centro Mises en un artículo (fuente AQUÍ) ha denominado el fenómeno como “La absorción de Donald Trump por el estado profundo”, en otras palabras por “the establishment”, el mismo que comandó la agenda de mandatarios republicanos como George Bush y mandatarios demócratas como Barack Obama.

Por último, su guerra comercial con China y las relaciones con Beijing se han tornado en todo un show mediático que debió de estar dirigido más hacía la repatriación de empresas estadounidenses a suelo norteamericano o zonas económicas especiales en países aliados, o una mejor aplicación de aranceles a productos como el acero y el aluminio que no perjudicara a muchos empresarios nacionales.

PARADOJAS EN LA POLÍTICA ANTIMIGRATORIA

En el alba de su campaña Make Great American Again en 2016, Donald Trump se dirigió a ese votante sin oportunidades y desempleado, que controlaría de manera irrestricta la inmigración ilegal al país. Es decir, que cerraría la estera para el ingreso sin control de latinos al país norteamericano con el propósito de proteger los empleos de los nacionales. Más allá de ello, utilizó la figura de un muro en la frontera con México –que el país Azteca financiaría–, el cual hasta finales de 2020 sólo llevaba pocos kilómetros de construcción.

Desde la óptica del latinoamericano, Donald Trump era un supremacista blanco y racista –lo cual puede que llegue a ser cierto a medias– por prometer deportaciones masivas de indocumentados. Desde la óptica del norteamericano desempleado; era una iniciativa que buscaba darle prioridad a ellos sobre los extranjeros.

Muchas discusiones se llevaron a cabo en torno a sus declaraciones polémicas; y algunos sectores realizaban un paralelo entre la importancia histórica de la inmigración en el crecimiento económico de esa nación. Sin embargo, esto se contrasta con la disminución significativa de número de deportaciones entre Trump y las anteriores administraciones de la Casa Blanca.

En otras cifras, se presentaron notables aumentos en la cantidad de visas de residencia permanente de estudiantes y solicitud de asilo político negados; pero un aumento de visas de trabajos temporales concedidas, todo lo anterior tomando datos de BBC News Mundo (referencia AQUÍ).

CIFRAS DE EMPLEABILIDAD RECORD

La cúspide de los aciertos de Donald Trump: su bandera en la campaña de reelección. Tuvo una estrecha relación entre dos factores, la disminución del impuesto de renta corporativo y el endurecimiento a políticas inmigratorias que desestimuló en parte la llegada de muchos latinos a buscar trabajo.

Ahora bien, las cifras de empleabilidad alcanzaron mínimos históricos en septiembre de 2019 en una tasa de 3,5%, y una extraordinaria recuperación luego de la peor etapa de la pandemia en ese país (ver fuente AQUÍ). Dichas cifras tienen matices con respecto a la calidad del trabajo que aspira el norteamericano en su ideal “sueño americano”.

TRUMP VS COVID-19

Sin duda alguna, el principal responsable de la derrota electoral de Donald Trump en noviembre de 2020 frente al demócrata Joe Biden, fue el manejo que tuvo de la pandemia del virus COVID-19. Todo ello, debido a las irresponsables declaraciones que pregonaban el no uso del tapabocas y la poca reacción ante las adecuaciones de infraestructura hospitalaria que permitiera salvar vidas.

Hoy día, la Organización Mundial de la Salud en el marco de su inestabilidad institucional, ha anunciado que desacredita los confinamientos masivos como método de control frente al contagio, y prácticamente, manifiesta aceptación frente a políticas cómo la inmunidad de rebaño practicada en los países nórdicos –entre otros–; no obstante, ello no otorga razón a la simpleza con que la Presidencia de los Estados Unidos atacó la pandemia y su negligencia como guía en tiempos de incertidumbre.

UN PANORAMA ECONÓMICO LEJOS DE MAGA

En 2017, el presidente Trump redujo el impuesto corporativo del 35% al 21%, medida que propulsó un aumento en el déficit fiscal; teniendo en cuenta programas asistenciales como Medicare, subsidio a los agricultores, subsidio a la educación escolar, créditos condonables a estudiantes universitarios, bonos para desempleados, entre otros (tomado de artículo del Centro Mises: fuente AQUÍ).

Producto de lo anterior, tenemos un aumento sin control de la deuda externa al igual que anteriores administraciones, la cual se sitúa –dependiendo de la fuente– entre 23 y 26 billones de dólares, representando así un 98% del PIB aproximadamente. La emisión de bonos por parte de la Reserva Federal para enfrentar el déficit fiscal tras la pandemia, y la confianza que tienen muchos aún por los “billetes verdes del Tío Sam”, apoyan lo que podría ser una bomba de tiempo.

Adicional a ello, Trump ha estado presionando a la misma para que reduzca la tasa de interés, logrando así tasas históricas alrededor del 0,25% EA; con ello se fomenta una posible trampa de liquidez y una crisis subsiguiente, así como sucedió en 2008 (referencia AQUÍ).

UN SHOWMAN POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Para nadie es un secreto que el magnate norteamericano es todo un “showman”, y es una cualidad que hace notar en cada intervención pública; pero también es un hombre políticamente incorrecto, no solamente en aquellos esquemas de discurso que demanda “the establishment” para éste época, sino con la forma de relacionarse con la ciudadanía en general y otros jefes de Estado, tal como fue el caso con Angela Merkel.

Todo lo anterior, lo marcaba como un político diferente, y de alguna manera, lejano de las formalidades propias de la investidura del cargo. Sin embargo, su imagen se vio seriamente empañada cuando decidió desconocer la institucionalidad y realizar seguidas declaraciones con parciales contenidos falsos, perdiendo así cualquier tipo de credibilidad con que alguna vez gozó; sólo quedando el ídolo pop de una masa de seguidores carente de criterio objetivo, y traicionando la confianza de muchos votantes que eligieron por lo que consideraron la mejor opción o la opción menos mala.

CONCLUSIONES

Probablemente, el presidente y su icónico “copete rojizo” pasarán a la historia como los protagonistas de una de las peores crisis institucionales en la Casa Blanca; una figura quizás enmarcada de muchos aciertos y un golpe sobre la mesa en su momento necesario de ocurrir; pero finalmente, encuadrada de “terquedades” personales.

Para un sector de la ciudadanía estadounidense y simpatizantes en Latinoamérica autodenominados como defensores de la libertad, es visto como “el último bastión del liberalismo”, algo que contraría totalmente los principios de éste y que manifiesta un profundo desconocimiento respecto a los fenómenos del caudillismo y el autoritarismo desde cualquiera de sus banderas políticas, sembrando así una diferencia marcada con el anti-izquierdismo que puede ser también nacionalismo y conservadurismo radical –lo anterior, en concordancia con Juan Ramón Rallo–.

Kevin Pacheco Del Castillo
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