LA DEEP WEB DE LA EDUCACIÓN VIRTUAL

–La mente del hombre es su herramienta básica de supervivencia. La vida se le da, la supervivencia no. Su cuerpo se le da, el sustento de éste no. Su mente se le da, el contenido de ésta no. Para seguir vivo, el hombre ha de actuar, y antes de poder actuar tiene que conocer la naturaleza y el propósito de su acción. No puede obtener su alimento sin un conocimiento de lo que es alimento y de la forma de obtenerlo. No puede cavar una zanja –o construir un ciclotrón– sin tener conocimiento de su objetivo y de los medios para conseguirlo. Para permanecer vivo, tiene que pensar.

Fragmento de “Soy John Galt quien habla”, tomado de “La Rebelión de Atlas” (2ª ed., 2009 [1957]), por Ayn Rand. CABA, Argentina: Editorial Grito Sagrado.
NOTA:

Esta es la segunda entrega de un especial acerca de la educación. Si aún no has leído la primera parte, podrás hacerlo dando clic AQUÍ.

La Deep Web es el término con el cual se denomina a la “Internet Profunda”, es decir, esta es la red de la Internet no visible para los buscadores tradicionales tales como Google, Bing, Yahoo, entre otros. A lo largo del tiempo se ha especulado acerca de todo el contenido sin limitación alguna que puede haber en este buscador oculto; es por eso, que definimos esta red como “el lado oscuro de la Internet”.

Con motivo de las vacaciones otorgadas para la mayoría de las estudiantes por razón de la semana mayor, se me hace muy necesario ahondar en la problemática generada por las clases virtuales dadas en medio de la pandemia del COVID-19.

Es ya más de un año de clases virtuales y hay un sinfín de grandes consecuencias negativas que repercutirán en el futuro de cada uno de los estudiantes a causa de la virtualidad educativa. La afectación no sólo será para aquellos que se promuevan de un año académico al siguiente –en el caso de la educación básica primaria y secundaria, y la media vocacional– o en aquellos aprendices universitarios con nuevos semestres por venir. NO, el problema va más allá; las nefastas consecuencias de la educación virtual se verían reflejadas nada más y nada menos que en la vida laboral profesional, es decir, en el resto de la vida de una persona.

El tema de la educación ha sido una necesidad indispensable para la humanidad; el estudio, la investigación y el desarrollo del conocimiento han sido los factores principales de progreso de toda sociedad. Con la evolución de la humanidad, la educación se trasformó y pasó de ser ese desarrollo de estudio general para un conjunto amplio de personas, a convertirse en una educación enfocada; es decir, la educación se ha especializado en un solo aspecto de una profesión, ya sea: derecho, ingenierías, arquitectura, medicina, estadística, entre otras. Este enfoque en la educación sería el que, por medio de la fuerza del conjunto de personas, lograría dar ese necesario desarrollo a la población.

PARA ANALIZAR

El ser humano a pesar de ser medianamente consciente de la importancia de la educación, no lo es en su totalidad, y consigo, no se apropia de la responsabilidad de esta; por el contrario, la población estudiantil hace notar su siempre indispensable necesidad de un “vigía”, el cual, es aquel profesor que es enseñante y “policía” a la vez. Es ese el sujeto encargado de llamar a lista –para que nadie “cape” clase–, de prohibir el ingreso de comidas –con el fin de que el aula no se convierta en una cafetería–, de prohibir el uso de celulares –para que nadie se distraiga– y de despertar a aquellos que se quedan dormidos. Todas estas funciones –que entre otras cosas, son innecesarias–, las hace sin perder el rumbo de su explicación –de lo que realmente está haciendo ahí: enseñar–.

La grave problemática descrita anteriormente del vigía es algo que no debería suceder en el entorno estudiantil; esto, si cada alumno fuese lo apenas responsable y consciente con el futuro de su formación profesional. Es justo aquí, donde logramos apreciar la magnitud del problema: si un estudiante universitario “capa” una sola clase presencial, ya es un profesional regular; ahora ¿Qué se podrá esperar de aquel futuro profesional que lleva capando clases por casi tres semestres gracias a la modalidad virtual?

Si bien, el capar clases es un problema de desinterés hacia la educación –agudizado por la virtualidad–, también hay que tener en cuenta que el 37,5% de la población en Colombia se estima que no tiene una conexión a Internet en el hogar, es decir, aunque un estudiante quiera asistir a clases virtualmente, la falta de conectividad no se lo permite. En definitiva, se percibe que tan sólo el 25% de estudiantes han logrado asistir con regularidad a sus clases en el computador por temas de conexión, traduciendo así, que la educación a través de la red se ha convertido en un rotundo fracaso tanto en el campo logístico, como en el campo de la calidad.

De continuar así, en medio de una clase virtual eterna y monótona; sin ningún tipo de posibilidad de acceder al menos a la alternancia, se hace necesario parar, reflexionar y crear una solución propuesta con miras hacia el futuro, con el fin de minimizar el impacto negativo que va a tener esta situación en el mercado laboral del país; con esto quiero decir que muy posiblemente en un contexto no muy lejano, se tache de mala e inaceptable manera como la Generación COVID-19 a aquellas personas graduadas en este período, y que por la carencia de una educación presencial se les tilde como malas.

PARA CONCLUIR

Teniendo en cuenta que el estancamiento del conocimiento o de baja calidad para un país en vía de desarrollo es sumamente grave y desastroso, se hace necesario enfatizar que la problemática que está dejando la educación virtual, es un claro ejemplo de que Colombia no está preparada infraestructuralmente para afrontar un semestre más así. Es de carácter urgente el dinamizar con mayor velocidad la aplicación de vacunas por parte del gobierno, para que en conjunto con ello, se establezcan políticas públicas de salud que permitirían el retorno a las aulas lo más pronto posible, y de tal modo, no continuar con este daño a la sociedad.

Es así cómo llega al final la presente columna, donde se abordó aquel lado oscuro de la educación virtual, comparable con la famosa y temida Deep Web.

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Juan David Solarte

Estudiante de derecho en la Universidad Libre (Seccional Cali, Colombia), y miembro del Semillero de Investigación de Conflicto, Derechos Humanos y Cultura de Paz. Estudioso de la historia.

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