EL EMPRESARIO: UNA FIGURA IMPORTANTE PERO INFRAVALORADA EN NUESTROS DÍAS

Hace algunas semanas en redes sociales, observé una publicación de un empresario un tanto conocido en mi país Guatemala; la misma, hacía alusión a lo difícil que es para los emprendedores alcanzar el éxito y mantenerse en él. Esta persona, luego de haber quebrado varias veces y dirigir sus recursos a diferentes productos, finalmente, había creado un negocio rentable, el cual no sólo le proporcionaba buenas ganancias, sino que también producía cientos de empleos alrededor de la nación.

Ejemplos como este, encontramos por doquier en todo el mundo. Pequeños, medianos y grandes empresarios que sostienen la economía de las naciones y nos ofrecen innumerables productos para la satisfacción de nuestras necesidades. No obstante, a lo largo de los años y más aún en el contexto actual de la pandemia del COVID-19, se nos olvida lo necesario que es el empresario en una sociedad y en el mercado, a tal punto de considerarlo como alguien despreciable, malévolo, que no piensa en los demás y que lo único que le interesa es ganar dinero a cualquier precio. Es innegable que tenemos en nuestro imaginario la idea de que el empresario es alguien sin corazón y que no cree en el bien común ¿Por qué esa desconfianza a una figura cuya presencia es vital para el correcto desenvolvimiento de la economía y la cooperación social? ¿Deberíamos reivindicar el papel del empresario en las sociedades latinoamericanas? En las siguientes líneas me dedicaré a responder estas preguntas, que más que interrogantes, son advertencias de cómo se encuentran nuestros países en torno a este tema.

¿QUIÉN ES EL EMPRESARIO?

Esta pregunta para algunos quizás resultará innecesaria, argumentando que todos sabemos lo que es un empresario, ¿o no?, pues en mi humilde opinión no, y es gracias a la distorsión del término que surgen precisamente todas las críticas que hacia los empresarios se hacen. Es por ello que la primera parada en este artículo será conceptualizar este término, con el fin de disipar las dudas y entender lo que realmente significa.

Para el máximo representante de la Escuela Austriaca de Economía, el célebre pensador Ludwig von Mises, el empresario es aquel agente encargado de dirigir los recursos y factores de producción a diversas áreas de la economía, las cuales muchas veces son una completa incertidumbre; el empresario en numerosas ocasiones arriesga el capital que posee o los medios de producción a su alcance, con la esperanza de que dicho ámbito le genere ganancias en un futuro. Estas estimaciones y predicciones se basan en la principal fuente de información de una economía: los precios. A través del mecanismo de los precios y las diferentes inferencias que se pueden hacer del mercado y sus variaciones, el empresario logrará asignar adecuadamente los recursos que posee y, de esta cuenta, producir algo valioso para los consumidores.

Ahora bien, para entender bien dicha definición, presentaré un ejemplo claro y sencillo de lo que es y hace un empresario. Supongamos que el dueño de una tienda de productos para el hogar, dígase aceite, granos básicos, mantequilla, productos lácteos o verduras, se da cuenta que por la pandemia del COVID-19, cada vez más personas necesitan desinfectante y líquidos de limpieza con la finalidad de una mayor higiene en la casa. Un día llega una señora a esa tienda y le pregunta a uno de los trabajadores si no tiene este tipo de producto a la venta, a lo cual el empleado le responde que no. Sin embargo, con el paso de los días y después de analizar la situación, el dueño de la tienda, mismo que había escuchado la experiencia de su empleado, se da cuenta qué, si enfoca sus recursos a los desinfectantes, al alcohol en gel o productos de limpieza y los vende a un precio conveniente, seguramente obtendrá muy buenas ganancias, ya que la demanda de dichos productos es alta en ese contexto. De esta manera el dueño de la tienda busca proveedores de tales productos, se informa sobre el mismo, si se requiere de alguna licencia para su venta y, por supuesto, los costos que conllevaría el venderlo. Finalmente, luego de organizar todo lo referente a la mercancía en mención y conseguir al proveedor adecuado, el señor comienza a vender dichos artículos y realizar la publicidad respectiva para que todos sus clientes sepan que ahora se estará dedicando a ello también.

Al cabo de dos meses, luego de realizar cientos de veces el acto de convencimiento hacia los clientes, además de llevar a cabo una buena campaña de publicidad, las ganancias del producto comienzan a llegar a los bolsillos del dueño ¡pero ojo! esto no se termina acá. Al tiempo que el empresario obtiene ganancias y lucra, cada hombre y mujer que compró un artículo de limpieza, le ha sido resuelta su necesidad en torno a la higiene del hogar, ya que ahora tiene un producto de calidad, cómodo respecto al precio y que le brinda seguridad frente a la crisis sanitaria.

Puede que el ejemplo anterior sea demasiado idealista; no obstante, lo que sucede en la realidad es muy similar a lo que se acaba de exponer. El empresario es el que se encarga de asignar los recursos y dirigir la producción hacia los productos que son valorados en la sociedad, de igual forma, en ocasiones la incertidumbre que conlleva tal actividad es inmensa, a tal punto que ciertos productos no tienen la garantía de que se alcanzará el éxito. Sin embargo, el empresario es alguien que se arriesga y da un paso de “fe” esperando que la respuesta de la sociedad sea positiva, satisfaciendo las necesidades de las personas (que no es nada poco), y generando empleo y bienestar en general.

LA TIRRIA POR EL EMPRESARIO

¿Te he convencido con mi anterior ejemplo sobre lo que es el empresario? Yo espero que sí; no obstante, es de reconocer que en nuestro imaginario la perspectiva hacia el empresario es muy diferente. Estamos tan acostumbrados a considerar al empresario como alguien vil, que no piensa en el bienestar colectivo sino solamente en el bienestar individual, que no aporta nada a la sociedad más allá del poco empleo que brinda, el cual no es un trabajo como tal, sino un mecanismo de explotación. Marx consideraba que el empresario no era más que un acaparador de riqueza, misma que es robada al trabajador mediante el trabajo, dejando en una posición deplorable a la clase obrera y proletaria. Tales reflexiones se han difundido a lo largo del mundo y aún hacen mucho eco en nuestras sociedades latinoamericanas, donde todavía, nos creemos los postulados del marxismo clásico y consideramos al empresario nuestro enemigo y alguien a quien vencer.

Ahora bien, ¿Es el empresario alguien perverso al estilo de un villano de película? ¿O es acaso que el empresario es alguien importante e infravalorado en la sociedad? Volvamos nuevamente al ejemplo anterior, ¿Qué beneficios trajo este empresario a la sociedad? Primeramente, esta persona mientras lucraba, logró que miles de familias tuvieran acceso a productos de limpieza de calidad sin necesidad de ir a un gran centro comercial a exponerse frente al virus del COVID-19; dicho en palabras más concisas, las necesidades de cientos de personas fueron satisfechas y finalmente resueltas. Segundo, todo ello dio como resultado no sólo que el negocio del señor fuese más próspero, sino también el negocio de los proveedores y demás actores relacionados a los artículos, siendo a largo plazo, factor determinante para que exista mayor generación de empleo y expansión del producto. Tercero, como el negocio del empresario ahora es más próspero, ya que obtiene más ganancias con dicho producto, tendrá la solvencia de contratar a otra persona para que se dedique específicamente al producto en mención debido a su alta demanda, ergo, generación de empleo.

Con todo esto, ¿Acaso el empresario es alguien negativo para la sociedad? La respuesta es no, al contrario, el empresario es indispensable para una sociedad y el correcto funcionamiento de una economía. Si no existiese capacidad empresarial, muchos productos que se encuentran en nuestra cocina o en nuestra habitación serían escasos, ya que no habría las suficientes empresas para satisfacer nuestras necesidades y deseos. El empresario, al buscar satisfacer sus necesidades y deseo de lucro, satisface también las necesidades de las personas, dando como resultado el tan ansiado bien común.

TIBURONES BUENOS Y MALOS

Quizás, luego de leer lo anterior te estarás preguntando algo cómo: ¿Y qué pasa con los empresarios corruptos, con las empresas que son inhumanas frente a los trabajadores, y los que evaden la ley o buscan la protección del Estado? Y si, efectivamente hay muchos empresarios así, los cuales se esconden bajo gremios empresariales o mantienen su status gracias al político de turno. Sin embargo, ante dichos especímenes no podemos generalizar e introducir a todos en el mismo costal. Es ilógico hacerle una guerra de forma general al empresario y querer difundir discursos extremistas en contra de la propiedad privada y la libertad, cuando los beneficios de la capacidad empresarial son tan evidentes y claros. A lo que si hay que hacerle frente como sociedad y como liberales son a los privilegios que otorga el Estado a ciertas empresas, a la desigualdad ante la ley defendida por ciertas agrupaciones empresariales, y al rechazo que ciertos empresarios tienen frente a la libre competencia e igualdad de condiciones.

Si queremos mejores salarios, condiciones más favorables para nuestros trabajadores o incluso mejores productos y a un precio mucho más accesible, no debemos declararle la guerra al empresario como tal, sino a los privilegios económicos que permiten que ese sistema se mantenga a flote y se reproduzca. Las verdaderas respuestas a estas problemáticas no pasan por un mayor debilitamiento del rol del empresario en la sociedad, sino dándole la espalda en las urnas al político que a través de su influencia protege a diversos empresarios, pasa por exigir transparencia e imparcialidad al momento de denunciar a grandes empresas por actos ilícitos, y pasa por un verdadero Estado de derecho y una genuina igualdad ante la ley.

CONCLUSIONES FINALES

Sin duda alguna, la capacidad empresarial ha sido infravalorada y menospreciada en nuestras sociedades. No obstante, más allá de que seamos empresarios o poseamos algún negocio, es necesario cambiar el “chip” y comenzar a reivindicar esa figura que le proporciona tanto a la sociedad. Cada vez que vayas a comprar algo al supermercado, o que entres a una tienda o un negocio en donde ofrecen cierto producto en particular, recuerda que antes de que ese producto se encontrara en la estantería, hubo un empresario, alguien con visión y que se arriesgó en su debido momento con la esperanza de satisfacer tus necesidades. Asimismo, cada vez que visites un restaurante, ya sea de comida rápida o con comida más “elegante”, recuerda que detrás de todo ello existió un empresario, que un día tomo la noble decisión de satisfacer sus necesidades individuales al tiempo en que satisface con productos o servicios los deseos y valoraciones de los demás.


REFERENCIAS

Bylund, P. (2019). Ludwig von Mises sobre la diferencia entre empresarios y gerentes. Recuperado el 4 de mayo de 2021, de Instituto Mises: https://mises.org/es

SOBRE EL AUTOR:

Luis Javier Medina Chapas: Joven liberal clásico. Estudiante de la carrera de Ciencia Política con Especialización en políticas públicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC Tricentenaria). Cofundador en su país, de un medio de difusión y dialogo político para jóvenes llamado Política Constructiva. Voluntario en diversas organizaciones nacionales e internacionales en materia de DDHH y liberalismo.

Puedes seguirlo en:

Columnista Invitado

Deja una respuesta