¡NO HAY QUE PERDER!

La coalición de centro o la Coalición de la Esperanza como la decidieron llamar, lleva mucho tiempo. Los fundadores y simpatizantes de la coalición velan por un país unido y empático, impulsando una convergencia de diferentes ideas para poder formar un gobierno pluralista. El grupo había hecho una buena labor y estaba cogiendo fuerza, de manera sorprendente, aún teniendo miembros como Juan Fernando Cristo o Jorge Enrique Robledo. Lastimosamente para Sergio Fajardo, el líder del conglomerado, y que ya se sentía presidente desde antes de la pandemia, surgió un contratiempo: lanzó su candidatura el otro paisa apóstol del centro, Alejandro Gaviria.

Después de que la coalición rechazó la participación de Alejandro Gaviria, la alianza que se había construido con base en la inclusión ¡ya no parecía tan inclusiva! Si bien es entendible no querer hacer campaña con César Gaviria –bastante entendible– no es una excusa válida si ya se cuenta con miembros como Cristo, un abanderado de Ernesto Samper y de la maquinaria tradicional. Sin embargo, lo verdaderamente curioso es lo que hizo Alejandro Gaviria; después de que le cerraron las puertas de la coalición, salió en medios a hablar sobre la importancia de una consulta amplia que aborde diversos sectores. De manera que fue bastante irónico el momento en el cual Juan Carlos Echeverry invita al exministro a una consulta con otros candidatos afines, y este último la rechaza porque no quería estar aliado con Federico Gutiérrez.

Aunque estoy cogiendo a los candidatos de centro como ejemplo, lo que quiero transmitir con esta columna va para todos los que se están lanzando. Este escenario me recuerda a la frase que me dijo una señora hablando sobre las elecciones, a lo cual en algún momento le dije: “hay que ganar”, y ella me contestó: “no mijo, no hay que perder”. La señora no puede estar más en lo correcto.

Siendo realista, contrario a lo que la gente quiere oír no hay ningún candidato que gane y vuelva esto un Japón o un Singapur. Nadie va a impulsar el crecimiento económico a tasas del 10% anual de un momento a otro, acabar con el tráfico ilegal de drogas y abolir el desempleo. Ningún triunfo de ningún candidato sería tan bueno como lo sería de drásticamente nefasto que suba al poder Gustavo Petro. Cualquier diferencia que Fajardo crea que tenga con Gaviria, o que Gaviria crea que tiene con Fico Gutiérrez son mínimas comparadas a las que cualquiera de esos tiene con Petro. Ninguno está proponiendo una hiperinflación a través de emisión monetaria, control de precios, expropiaciones a dedo o está abiertamente vinculado con dictaduras de izquierda latinoamericanas.

Se tiene que crear una coalición amplia, desde el centro hasta la derecha y centroderecha ¡y se tiene que hacer pronto! Se tienen que acabar las peleas de quinceañeros, dimensionar la gravedad del asunto, tragarse unos sapos y salir a ganar, o más bien ¡a no perder! Algunos idealistas saldrán a criticar esta propuesta, romantizando las campañas y alegando que se tiene que ganar es con propuestas, no atacando a otros candidatos. Claro que apoyaré a mi candidato con convicción, creyendo que va a ser el mejor presidente, pero también esperaré que haga parte de una consulta, y en caso de que no la gane, apoyaré al victorioso hasta el final, sea quien sea.

También, quisiera consultarle a esos mismos idealistas biempensantes: “nómbreme un presidente venezolano que no sea Chávez o Maduro”. Lastimosamente, en la política, pueden llegar a impactar mucho más los malos dirigentes que los buenos.


Este artículo apareció por primera vez en el portal El Bogotano.

SOBRE EL AUTOR:

Martín Peñalosa: Estudiante de licenciatura en Historia de la Universidad de los Andes. Se ha desempeñado como analista en gerencia de proyectos y asesor en inversión privada (dentro de la Consejería presidencial para la Estabilización y Consolidación), labor última en la que se enfocaba en crear y fortalecer vínculos entre las empresas y las poblaciones que formaron parte del conflicto armado con las FARC. Escritor y deportista, es además, City Manager de una startup que pronto comenzará operaciones en Colombia.

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