DEL CHE GUEVARA A SOLEIMANI

Desde hace décadas la izquierda viene presentado a criminales y terroristas como héroes que dieron sus vidas en favor de la gente: un símbolo de lucha como mecanismo de posicionamiento y adoctrinamiento político en todos los lugares del mundo. El patrón es el mismo: criminales de lesa humanidad justificados como vehículo ideológico y político. Este no es un caso diferente al de Qasem Soleimani, reconocido dirigente iraní que estuvo a cargo de fuerzas paramilitares y atentados terroristas, o de personajes como el Che Guevara en América Latina.

Uno de los logros más grandes que la corriente en mención ha tenido ha sido el posicionamiento cultural en las nuevas generaciones, apalancado sobre conceptos como “justicia social” e “imperialismo”, donde los ejes centrales son la emocionalidad y la desinformación, primando el anclar ideas antes que propender por la verdad y la información. El mejor canal para esto es crear mártires y referentes de lucha sin importar su prontuario.

Pero, ¿cómo es posible que, siendo criminales de lesa humanidad, logren ser ahora símbolos de justicia y sacrificio?

Tal vez el nombre de Qasem Soleimani no nos resulte familiar por ahora, debido a que procesos de posicionamiento cultural de este tipo no toman años, sino décadas, para que den los resultados esperados. Para la muestra el Che Guevara, un personaje homofóbico, asesino y racista, también conocido como el carnicero de La Cabaña, cuya figura ahora posa como símbolo de derechos humanos y de justicia.

La respuesta a la pregunta anterior está compuesta por varias etapas donde cada una cumple una función indispensable en el proceso, desde la agenda política y mediática, hasta la humanización de criminales. El resultado: falsos símbolos como causas sociales.

EL PLAN SOLEIMANI EN AMÉRICA LATINA

La nueva agenda de Irán es posicionar al asesinado líder de las Brigadas Al-Quds y Hezbolá, Qasem Soleimani, como símbolo de lucha contra el “imperialismo” y el “capitalismo salvaje”, y como defensor de las “causas justas”.

Veamos cuáles son los pasos que vamos a vivir, de no estar preparados, en América Latina –especialmente en Colombia como líder estratégico en la región para los Estados Unidos–, y cómo vamos a empezar a ver en medios, opinión pública y a nivel cultural, la aparición de una nueva figura camuflada de rebeldía y justicia como redentor de derechos y causas sociales, cuando en realidad es un terrorista con varios crímenes adjudicados y con una agenda política clara; caso muy similar al que hemos vivido en la región con figuras como el CheCastro y, para no ir muy lejos, líderes de las FARC, en diferentes sectores de nuestro país.

La agenda política como causa social: En contra de un enemigo común

El primer paso de todas las revoluciones socialistas ha sido poner sus propuestas como las únicas que piensan en “justicia social” para los demás y en “el camino” hacia un futuro sin el enemigo “imperialista” –o capitalista–, pero sobre todo, hacia la “igualdad”. Sin un enemigo claro y con capacidad de apegarse a la emocionalidad social como motor de convicción, nada de esto sería posible. Para ello, es necesario que la cultura general valide su causa como aquella a seguir. Es ahí donde la narrativa y el discurso cobran más fuerza y resulta más fácil de posicionar, olvidando las atrocidades cometidas.

Tanto en la Cuba de Fidel y del Che, como en la Irán de Soleimani, nos encontramos con la instauración artificial, partiendo de falacias, de un símbolo de resistencia ante aquellos que buscan destrozar las “causas justas”, siendo las armas la única forma clara de oponer resistencia y crear cambio. Cabe resaltar que en este punto, es necesario un fuerte proceso de desinformación en los diferentes medios y espacios culturales. Es el punto cero donde se difunden las ideas y debe ser de forma compacta, desde todos los ejes.

Es así que el primer paso del Plan Soleimani en América Latina, y en general a nivel mundial, es proponer la agenda política, o armada, como la única forma de resistirse al enemigo y buscar la “justicia social verdadera”.

Las armas como símbolo de convicción

Una vez instaurada la agenda política como causa social, que justifica las armas, el siguiente paso es comenzar a engrandecer el compromiso y sacrificio de los nuevos referentes. En el caso del Che, el discurso estará en torno a una persona que renunció a su futuro académico, su país, su gente y dejó todo atrás para tomar las armas en pro de “la justicia” y “la libertad”. En el caso de Soleimani, lo ponen como aquella persona capaz de darle dignidad al pueblo iraní, quien pudo poner resistencia al “imperialismo” y como una figura liberadora por excelencia defendiendo a la ciudadanía y a los más débiles.

Pero, ¿qué tan cierto es esto? En ambos casos encontramos responsables de crímenes de lesa humanidad alejados de la defensa de individuos y capaces de todo, desde crear campos de concentración con asesinatos y torturas incluidos, pasando por el ejercicio del racismo, hasta atentados terroristas de dimensión internacional.

Una vez completado este paso, ya tendremos dos componentes muy peligrosos: la convicción de una agenda política y la admiración hacia una persona que dejó todo atrás con tal de “servir al pueblo”.

Detrás de la guerra: La figura del HÉROE

La defensa de la justicia social, como mentira para generar empatía hacia figuras como las mencionadas, no basta. Si bien en este punto hay una afinidad por la entrega y el sacrificio, es indispensable venderlo como una figura del pueblo; se hace imperante humanizarlos.

Es de esta manera que no solo sentirán una suerte de empatía hacia la causa que defienden, sino que pasarán a sentirse identificados con una figura desconocida, pero que se percibe cercana y familiar. En este punto consideran que su lucha debe ser la de todos, y que su entrega fue de tal magnitud, que lo mínimo que deben hacer para compensarla es defender su legado e ideas.

Al final del camino: EL MÁRTIR

El último punto, donde se materializan todos los anteriores, es presentar estos personajes como mártires. Es decir, como aquellas personas que entregaron su vida para defender una causa social justa y que, por eso, acabaron asesinados o socavados por el enemigo. Inmediatamente en el imaginario colectivo se presenta la noción de injusticia, de lucha y de pasión por ideologías, con un final nostálgico que amerita la acción y la reivindicación. Ese tipo de ideas, dirían quienes han pasado por estas facetas de forma ingenua sin percatarse del plan, deben ser defendidas en contra y, a pesar, del enemigo, pues sienten que fue un ataque personal hacia ellos y hacia quien los defendía sin importar las consecuencias.

Estos cuatro (4) pasos del Plan Soleimani son evidenciables en otros escenarios y casos. Ya estuvimos hablando sobre sus similitudes con referentes como el Che Guevara, pero, a ciencia cierta, lo podemos evidenciar en otros personajes más cercanos como Gustavo Petro o las FARC, los cuales, sin duda, posan de mártires y héroes cuando la verdad y la historia tienen otra conclusión.

En resumen, se debe introducir la agenda política como justificación de cualquier accionar, incluidas las armas, para luego imponer a estos individuos como los únicos que nos pueden llevar al triunfo de la justicia social, implantando así la figura del mártir y garantizando la difusión de las ideas políticas a nivel nacional, regional e internacional.

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Juan Angel

Empresario con más de diez (10) años de experiencia en asesoría empresarial y marketing. Director del Movimiento Libertario de Colombia.

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