¿Quieres algo en la vida? ¡AHORRA!

Una de las personas que más influyó en mi vida ha sido mi señor Padre que, desde unas palabras toscas, pero a la vez más amorosas, decía las verdades más implacables y certeras.

Recuerdo que a principios de la década de los 90, comenzó la fiebre por los videojuegos. Especialmente, por el Famoso Nintendo (Classic), y yo, como cualquier niño que quería estar a la moda, le pedí implacablemente a mi Padre la susodicha consola. Hasta que un día, me sentó y me dijo; hagamos un trato, si tu ahorras de tu mesada durante varias semanas y llegas al 35% del costo de la consola, yo pongo el resto.

Yo, no alcance a llegar a ese monto, pero el esfuerzo que hice le valió a mi padre para que me comprara el bendito aparato. Durante años, me sorprendió como teniendo un humilde empleo él, podía pagar todas las deudas además que, al final de cada año, había viajes, ropa nueva y lujos varios. Una de las preguntas que le hice, ya siendo adulto fue: ¿Cómo haces para poder hacer todo esto durante años? Y él me respondió:

¿Tú quieres algo? ¡Ahorra!

Si definimos el ahorro; como esa porción del ingreso que no se consume, con el fin de hacerlo en un tiempo posterior, o invertirlo en bienes de capital, es una de las opciones más sanas que como agentes económicos tenemos. Desde siempre, nos han inundado de información que “consumir” es uno de los mayores placeres que una persona puede tener. Esto incluye desde psicólogos que recomiendan, como terapia anti-estrés, el ir de compras a un Centro Comercial, hasta los Economistas Neoclásicos-Keynesianos, que ponen como base del Crecimiento Económico el Consumo. Dando a entender que entre mayor demanda exista, mayor consumo, por ende, mayores ingresos a los empresarios por venta de productos.

Lo anterior va creando un efecto multiplicador en toda la Economía que hace que crezca de manera increíble en el tiempo. Entonces, una acción como el ahorro está condenada de antemano, porque disminuye el consumo y hace que el multiplicador y el crecimiento sea menor. Muchos llaman a esto la “Paradoja del Ahorro”:

¿Como algo tan bueno, como acumular recursos a futuros, puede ser tan dañino?

¡Pues, no lo es!

Lo que no mencionan los Economistas Keynesianos, suponiendo que lo sepan. Es que a medida que aumenta el ahorro, se incrementa la cantidad de recursos a invertir en bienes de capital; maquinarias, equipo, herramientas, etcétera. Que generan una mayor productividad y por ende, sectores económicos con mayor rentabilidad son creados. Al final una mayor cantidad de bienes y servicios se generan, beneficiando a los consumidores.

Con esto puede haber mejores automóviles, computadoras más eficientes, aviones más rápidos, teléfonos más inteligentes, y un larguísimo etcétera casi interminable que nos trae la inversión en Capital. El trabajador promedio, gana mucho más cuando se invierte en estos bienes, ya que se hace mucho más productivo. Podemos hacer la comparación entre un campesino de algún campo de Sudáfrica o la India o algún país pobre de Latinoamérica, con un arado y un buey en el proceso de siembra y cosecha. En comparación con otro que posea los mejores tractores, fertilizantes y tecnología satelital para ver los pronósticos del clima, como existen en USA, Canadá o Europa. La diferencia de rendimientos y ganancias es asombrosa.

Desde este punto de vista se resuelve la Paradoja del Ahorro.

Ellos lo que no miden, es el efecto en el tiempo por el Ahorro. Insistiendo que solo aumentado el consumo, incrementa la demanda y por ende, las ganancias del sector comercial. Esto no implica que exista el mismo crecimiento en las estructuras económicas superiores de un país, ya que solo afecta a las empresas cercanas al cliente final. Ejemplo de estas empresas, que no se verán beneficiadas son; la Construcción, la Investigación Farmacéutica, las telecomunicaciones de alto nivel, diseño de aviones, entre muchos otras, que están en sectores superiores (tal como nos lo enseña Mises y Hayek al estudiar la Teoría Pura del Capital). 

Una de las cosas que los Keynesianos no quieren comprender, es que para poder consumir, hay que generar ingresos en el sector productivo, y es donde viene a caer a perfección la Ley de Say: Toda oferta crea su propia demanda. Todo comienza, cuando se decide ahorrar y aumentar tu consumo futuro, excepto, cuando venga alguien con un helicóptero y empiece a lanzar dinero, como en futuras columnas veremos que es el deporte favorito de los Gobiernos, y sus perniciosas consecuencias.

Finalmente

Lo que más nos ha enseñado la actual crisis de esta Pandemia, es que los que más fortalecidos serán los que más ahorraron e invirtieron, a diferencia de los que no lo hicieron. Ya en la Biblia nos advertía en Proverbios 10:5: “El que recoge en el verano es hijo sabio, el que duerme durante la siega es hijo que avergüenza.”

Otman Domínguez
Otman Domínguez

Venezolano. Economista de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas Venezuela) especializado en Econometría y Evaluación de Proyectos para PYMES. Estudioso de la “Escuela Austriaca de Economía”. Miembro docente del Instituto Juan Calvino y locutor en la Radio Presbiteriana Reformada y candidato a Anciano Gobernante de la “IPR Pacto Eterno Chía”.

Jefe de operaciones (COO) y miembro fundador del medio digital libertario El Bastión, y miembro fundador de la Corporación PrimaEvo.

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