EL HOMBRE: EL ÚNICO CULPABLE DE LA PÉRDIDA DE SU LIBERTAD

La libertad ha sido una virtud del hombre que se ha conseguido a lo largo de los años. El titulo de “Libertad” que hoy ostentan algunos hombres; se ha obtenido por medio de la lucha histórica del ser humano por sobrevivir, misma que se ha mantenido desde sus inicios hasta nuestros tiempos.

La presente columna, en esta ocasión se concentrará en torno a la problemática que enfrenta el derecho a la libertad ante la pandemia del COVID-19. Lo anterior, a motivo de todas las restricciones de movilidad en los diferentes países, donde el único culpable es el ser humano. El hombre se ha encargado por sí solo, tanto de ganar como de perder su propia libertad.

HISTORIA

Los derechos individuales, son quizás, el paso más amplio y fuerte que la humanidad ha logrado; pasamos de matarnos por robar alimentos y herramientas a otras tribus, a intercambiarlas por otros bienes o incluso a comercializarlas –esto, sin la necesidad de recurrir a la violencia–. El hombre dejó de agredirse hasta matarse entre sí en absurdas guerras por miles de años, a convertirse en una civilización. En este cambio abismal en la humanidad, estuvieron presentes los aportes de diferentes pensadores tales como: Voltaire y John Locke al enseñar la tolerancia, David Hume la responsabilidad y Adam Smith al pregonar la ética de la libertad. Como consecuencia de ello, se edificó un hombre capaz de defender su propia libertad y respetar la libertad de los demás; junto con la llegada de la libertad del hombre, surgió el trabajo en equipo, el cual, llevaría a la prosperidad global.

EL HOMBRE: CULPABLE DE SU PROPIA PÉRDIDA

Con el arribo del virus COVID-19 a Latinoamérica a mediados del mes de marzo del año pasado, en la mayoría de los países se establecieron medidas de distanciamiento social, y restricciones parciales y totales a la movilidad de los individuos por determinados territorios; mediante los llamados “toques de queda”. A pesar de que dichas medidas fueron llevadas por la población en la denominada primera ola de contagios en buena manera, retorna al ojo del huracán ahora, que según autoridades, nos encontramos en plena segunda ola de contagios.

Los “toques de queda” en las noches y por fines de semana completos, vuelven a ser noticia de titulares, que en los principales medios de comunicación cada ciertos días, se anuncian uno nuevo. Los casos activos que hoy Colombia reporta están por encima de los 124.000: 124.825 para ser exactos (dato tomado del Ministerio de Salud el día 17 de enero de 2020).

Si bien, “el toque de queda” ha sido una herramienta que hasta cierto límite ha ayudado a la prevención del virus al controlar las multitudes, ¿Es necesario tantos “toque de queda”, tantas restricciones a la movilidad? La respuesta es NO; esto debido a que un “toque de queda” viola derechos fundamentales tales como: la vida misma, el trabajo, el libre ejercicio de tu profesión u oficio, y principalmente, vulnera el derecho a la libertad física, más aún sí es aplicado en exceso. De dicho modo, surge la verdadera pregunta a responder: ¿Qué lo hace necesario? ¿Por qué una sociedad necesita de un “toque de queda”? La respuesta es: la cultura.

La cultura es un factor que a diferencia de los casos positivos de COVID-19, no se puede medir; es un aspecto incalculable en la humanidad, y por tanto, es un tema sumamente difícil de afrontar. Sin cifras exactas, el hombre se enfrenta a ciegas a este interrogante. Pero algo es cierto y es demostrable con cifras: cuando el desconocimiento, el egoísmo y la irresponsabilidad, superan al saber y a la cultura, la sociedad es capaz de arrastrar al individuo a la pérdida de su propia libertad, es decir, ¡Por unos pocos, pagamos todos!

Una vez el anterior ciclo sea cumplido, en otras palabras, cuando pagamos todos, cuando hemos perdido la libertad, cuando la falta de cultura ataca; buscamos culpables, pero jamás nos observamos a nosotros mismos como tal. Este es un dilema de la sociedad.

Ya en este punto, se hace necesario y acertado recordar la frase de Thomas Hobbes en su libro De Cive de 1642, y que hoy más que en otro momento histórico se aplica a cabalidad: “El hombre es un auténtico lobo para el hombre”. Esta célebre frase se traduce correctamente a dar una breve explicación de cómo se desarrolla el hombre al interior de una sociedad, lo cual se refiere a que, luego de que el hombre se haya formado y haga parte de algo más que sólo la denominada familia, nace lo que hoy conocemos como sociedad, que según Hobbes, algunos de ellos únicamente se organizan en estas para satisfacer sus más básicos deseos y pasiones.

La anterior referencia de este filósofo inglés del siglo XVII, es un claro ejemplo de lo que afronta la humanidad hoy en día: el hombre por satisfacer sus deseos más bajos, se deja llevar por el instinto pasional, olvida su autocuidado e irrespeta la pandemia, generando así, una afectación para todos; esas “pequeñas sociedades” de hombres irresponsables, son capaces de afectar a las macro-sociedades en todos sus aspectos: desde la salud, pasando por lo social, hasta llegar a lo económico. ¿Cómo puede ser posible que un puñado de hombres –causantes de las restricciones de movilidad– logren quebrar una empresa?

A continuación, dejaré una breve reflexión personal para la situación preocupante de la pérdida de la libertad causada por el hombre.

REFLEXIÓN

Las denominadas “nuevas olas de contagio” son un incierto –esto debido a la dificultad de otorgar una fecha exacta para ello–, pero algo es seguro: los contagios seguirán en aumento y de la mano de ello, vendrán nuevas restricciones a la movilidad que afectan directamente nuestra libertad en el más amplio sentido.

Mi llamado es a la responsabilidad y conciencia con la historia. Años le tomó a la humanidad obtener la libertad que hoy posee, como para que algunos pocos no la arrebaten y nos ocasionen la fuga de tan preciado derecho.

En el momento que el individuo sea responsable y actúe con cultura, cesarán los incomodos “toques de queda”; hasta tanto el hombre no cambie, seguirá siendo el único culpable de la pérdida de su propia libertad.

Juan David Solarte
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