EL NUEVO PRESIDENTE

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En poco más de un año, Colombia tendrá la gran responsabilidad de elegir un nuevo mandatario; un nuevo mandatario que deberá asumir un gran número de desafíos que en la actualidad enfrenta el país. A continuación, haré reflexiones generales y la mención de algunos aspectos acerca de lo que lo sería un Candidato 10 para la Presidencia.

Figura No. 1. Caricatura Elecciones presidenciales de Colombia 2022 (Tomada de Revista Semana).

Hasta el momento, han desfilado una gran cantidad de personajes de la vida política nacional por el título de precandidatos. Algunos de ellos son: Gustavo Petro (Senador, Exalcalde de Bogotá y candidato presidencial en 2018), Jorge Robledo (Senador), Roy Barreras (Senador), Iván Marulanda (Senador y Exalcalde de Pereira), Ángela María Robledo (fórmula Vicepresidencial de la candidatura de Gustavo Petro en 2018), Federico Gutiérrez (Exalcalde de Medellín), Rodolfo Hernández (Exalcalde de Bucaramanga), Camilo Romero (Exgobernador de Nariño y participante de la consulta interpartidista del Partido Alianza Verde en 2014), Antonio Sanguino (Senador), Sergio Fajardo (Exgobernador de Antioquia, fórmula Vicepresidencial de Antanas Mockus en 2010 y candidato presidencial en 2018), Juan Fernando Cristo (Ministro del Interior en el Gobierno de Santos), Humberto de la Calle (Vicepresidente en el Gobierno de Ernesto Samper, Jefe Negociador del Gobierno con las FARC-EP en La Habana y candidato presidencial en 2018), Alejandro Gaviria (Ministro de Salud en el Gobierno de Santos), Dilian Francisca Toro (Exgobernadora del Valle del Cauca), Alejandro Char (Exalcalde de Barranquilla), Paola Holguín (Senadora), Rafael Nieto Loaiza (Viceministro del Interior de 2003 a 2004), entre otros nombres.

Las conversaciones y reuniones de las principales cabezas políticas de la nación ya se han ido realizando; esto con el fin único de la conformación de alianzas y coaliciones con vistas a la candidatura presidencial. Hay grandes bloques que tan sólo esperan hacer sus respectivas consultas partidistas e interpartidistas, para así, inscribir a su nombre más fuerte a la aspiración de asumir las riendas del país el 7 de agosto de 2022.

CUESTIÓN DE CULTURA

Teniendo en cuenta lo anterior, hay algo que no se puede pasar por alto: una cosa es la votación a un consulta –sea partidista o interpartidista– y otra muy distinta, es la votación el 29 de mayo o 19 de junio del 2022 –días de las elecciones en primera y segunda vuelta, respectivamente–; no podemos olvidar también, que en el interior de la cultura colombiana, por mucho tiempo se ha creído que un digno candidato para hospedarse y gobernar desde la Casa de Nariño en la capital del país, Bogotá, siempre ha sido aquel personaje entusiasta, con grandes ideas y que, incluso, si no tiene cuidado, puede terminar marcándose como caudillista o manzanillo –hechos que no los ha demostrado la historia–. Y asimismo es, como también la historia nos ha demostrado que el pueblo colombiano busca un candidato carismático, y lo busca en el mayor sentido de la palabra. No podemos dejar en el tintero que una buena parte de la población votante no cuenta con una posición ideológica definida; por el contrario, se les podría llamar los votantes ocasionales o sorpresa, siendo ellos, quienes guiados por las pasiones repentinas, determinan votar por uno u otro candidato a última hora. E incluso, me atrevería a decir, que en cierto momento sus votos podrían ser definitivos.

La problemática descrita antes, no se debe a otra cosa distinta que a la falta de educación política, esa falta de instrucción y guía en materia de política que genera un desconocimiento total, agudizado por medios de comunicación y personas dispuestas a vender el caos con argumentos falaces a favor o en contra de determinado candidato; a este ya caos político, hay que sumarle el total desinterés de gran parte de la población, dispuesta totalmente a no asumir de manera correcta sus compromisos en el papel de ciudadano integrante de una sociedad, donde en la cual, la suma o la resta de un voto puede hacer la diferencia y reflejar las consecuencias del mismo en esa sociedad en mención. No más delegación de la democracia a otros, todos debemos ejercer el derecho al voto: un voto que sí o sí, sea de manera responsable.

EL PAÍS

Volviendo de nuevo a los candidatos, para el próximo período presidencial, los principales desafíos serán en los campos de: economía, seguridad, educación, pobreza, desigualdad, desempleo, salud, grupos armados ilegales, cultivos ilícitos y acuerdos de paz; todo lo anterior, agravado enormemente por la problemática generada por la pandemia. Los aspirantes para llegar a la Casa de Nariño tendrán que pisar fuertemente con ideas innovadoras y capaces de otorgar grandes resultados para el país, y así, hacerle frente a la problemática social, política, económica y cultural que nos deja el COVID-19.

Igualmente, se requiere de un ser entusiasta en el tema de la justica, puesto que se necesita con urgencia una depuración a la normativa colombiana, esto debido, a la gran cantidad de leyes innecesarias; a la par, se requiere de un reajuste en el personal administrativo, jueces, personal judicial, entre otros. Lo previamente dicho, con el único fin de lograr una descongestión y correcto funcionamiento en el aparato judicial.

De este modo, se recuperará la confianza de la población del país en el gobierno: confianza que es un aspecto primordial en una sociedad.

CONCLUYENDO

Según los datos preliminares, de las cuatro tendencias presentes en la carrera presidencial –izquierda, centroizquierda, centroderecha y derecha–, ninguna de ellas cuenta con las mayorías suficientes para lograr una victoria en primera vuelta; lo que se traduce en una necesidad de alianza con otros partidos y/o movimientos políticos. Esto, contemplando el sistema de democracia que opera en Colombia, el cual permite una gran y activa participación de los partidos minoritarios y movimientos políticos pequeños en segunda vuelta, que en la mayoría de las ocasiones se podrían convertir en el apoyo decisivo que marcaría la diferencia entre ganar o perder, lo cual quiere decir, que quien no se una, verá como la presidencia se le va de las manos.

Para las elecciones del 2022, habrá un espectro de mayor intensidad a lo ocurrido en las de 2018 y a la gran importancia que tomó la posición de “centro” –posición que a mi parecer es inexistente– ¿Será que Colombia está preparado para lo que el sociólogo inglés Anthony Giddens denominaría “El centro radical”; esto, como un método para decretar soluciones novedosas y contundentes, fruto de un acuerdo entre todos? Para la gran mayoría no es una idea para despreciar y lo admito, suena atractiva… Pero, ¿Qué será de esta posición de centro frente a temas cruciales de los que se requiere un “SI” o un “NO” contundente? No hay que ser de extremos, pero tampoco se puede ser baldo: hay que ser contundente.

Hoy en día es tan marcada la división en torno a este tema, que me atrevería a decir que: en estas elecciones presidenciales, el debate, las propuestas e ideas de cada candidato, pasarán a un segundo, quizás hasta a un tercero; esto debido a la gran polarización y confrontación política que atraviesa el país. Los votantes ahora tan sólo se guiarán por una sola premisa: sin importar cuál sea el desarrollo propuesto para el país de un candidato, importará más el saber que tan alejado o cerca esté de los extremos.

Juan David Solarte
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Estudiante de derecho en la Universidad Libre (Seccional Cali, Colombia), y miembro del Semillero de Investigación de Conflicto, Derechos Humanos y Cultura de Paz. Estudioso de la historia.
Juan David Solarte
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