COLOMBIA: LA VISIÓN DE UN MIGRANTE LIBERTARIO

La vida de migrante no empieza el día que llegas a una nueva tierra o un nuevo país, sino cuando tu tierra originaria te hace convertir en un extraño. Los ojos de aquel que salió de su zona de confort, hacen que su vida sea una colcha de retazos de memorias y experiencias: un crisol de un nuevo tiempo que cada persona va a recorrer. Hoy recordaremos mi nueva vida como migrante, con la visión de un hombre que decidió escapar de la barbarie, dándose cuenta de que era más contagiosa que ese virus tan mortal. Hablamos, claro está, del socialismo

BOGOTÁ, LA NUEVA METRÓPOLI A DOMAR

Un 4 de enero de 2018, en una llegada inusual para alguien de mi gentilicio, un venezolano arribaba desde Caracas a el Aeropuerto Internacional del Dorado, en la Capital de la República de Colombia. Con todo un equipaje lleno de efectos personales y memorias de un pasado que no será más, decidí incursionar en una nueva aventura que, cambiaría para siempre la línea de tiempo de este servidor. Tan fría como la recordaba y con lluvia perenne, llegue a la casa de un amigo que me iba a recibir. Después de haber sufrido en carne propia, el vivir en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, llegar a una metrópoli y con suficiente dinero para tener una estancia tranquila, representaba para mí el comienzo de una nueva vida y con mucha más libertad.

Haciendo tours por Manizales y su feria, fincas, plazas y conciertos, licores y demás objetos de hedonismo; fueron por una semana la ilusión de haber tenido plata, después de haber perdido 8 kilos de masa en Venezuela y vivir una vida de sobrevivencia, muy precaria. Pero la realidad tan certera y fuerte como un iceberg me hizo regresar a Bogotá, cansado, con mucho menos plata y en las puertas de una depresión que sería mi permanente compañero ese año. Finalmente, llegue a la casa de aquella persona que terminaría siendo mi protector, pero a la vez se convertiría en mi verdugo, pero eso es un cuento para otro momento. En la casa de CM (usemos estas siglas para identificar a este personaje), me hizo un espacio, hasta que decidimos irnos a otro lugar más personal: un apartamento en un estrato 5 detrás de la Ciudadela Comercial Metrópolis. A los pocos días, caí en cuenta que ni el empleo que me ofrecía este sujeto, ni las comodidades que se esperaban, jamás iban a llegar. Sin un plan establecido y sin recursos, aunque aún en la casa de él, decidí recorrer la jungla de concreto, la nevera, como le llaman a Bogotá.

EL REENCUENTRO CON LA POLÍTICA

Durante muchos años, sufrimos la persecución política pasiva o activa del régimen chavista, donde la autocensura y el silencio eran el pan de cada día. Expresarse públicamente contra el gobierno era un juego de altísimo riesgo. Bajo la sugerencia de un comandante de la policía, amigo de hace años, nos advertía que salir del closet ideológico, y demostrar que uno apoya el capitalismo y se es liberal, como filosofía política, era casi igual a ponerse un letrero de “pónganme preso”. Así vivimos por años en una vida disoluta de placeres, eventos culturales y fiestas, pero detrás de esa máscara alegre, existía una persona con la necesidad de entender y querer mejorar el mundo circundante; así fue como me topé con las lecturas de grandes como Isaiah Berlin, Mises, Hayek, Popper, Locke, Carlos Rangel, Adam Smith y muchos más autores. Todos leídos en un miedo silente, para no entrar en encrucijadas por decir la verdad.

Pero la realidad no se puede escapar y mucho menos la identidad de cada quien. El año 2018 fue uno de los más convulsionados de los últimos años en Colombia, ya que una fuerza de la izquierda revolucionaria socialista estaba ganando terreno por encima de las fuerzas tradicionales del estamento político de este país. Un día del mes de marzo de 2018, en una populosa población del sur de Bogotá, llamada Bosa, las calles completamente bloqueadas por la cantidad de gente, en plena marcha apoyando, con arengas y pancartas, a un líder mesiánico con carácter casi místico. Llegamos al país en plena batalla del huracán de la contienda electoral Duque (Centro Democrático) vs Fajardo y Petro. Después de un proceso electoral inicial, la primera vuelta definiría la polarización que daría el color a Colombia en el futuro: La Pelea por la Presidencia de la República sería Duque vs Petro.

GUSTAVO PETRO: EL CONOCIDO ENEMIGO DE VENEZUELA

Los venezolanos recordamos a Gustavo Petro como aquella figura extraña, pero con aires de intelectualidad, que sería amigo de Hugo Chávez y el estamento chavista y cubano. Fue uno de los principales asesores de aquel Presidente por el año 2003, en la construcción de su modelo económico, basado en fuertes restricciones al libre mercado. Me sonaba en esas calles de Bosa, discursos conocidos, pero con otra modalidad y acentos diferentes; no obstante, la esencia era la misma. Slogans como “democratizar la tenencia de la tierra”, “aumento de la productividad para los ciudadanos”, “reforma agraria”, “castigo a la corrupción” y varios más; pero por haber nacido en esa tierra de gracia, reconocemos sus acentos y modalidades del habla, pero el final del cuento es siempre el mismo[i].

Teniendo claro cuales eran las opciones políticas, era inevitable ir contra el fantasma del socialismo en LATAM, representados en Gustavo Petro y Sergio Fajardo, quedando como invicto el primero: la lucha contra el socialismo iría en esa dirección; ya que el Doctor Petro sería el abanderado del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo: los mayores lobbies de la izquierda continental. Ya en otros espacios se han analizado los componentes básicos de estos programas de gobierno, pero sólo tres eran los conectores: keynesianismo, mercantilismo y socialdemocracia.

Para aquel momento, ese candidato sería el detonante, el catalizador que me haría salir del silencio en las redes y en público, para mostrar mi bandera de Gadsden, símbolo libertario por excelencia, y ya no tener má

s miedo de expresar quien soy y por qué lo soy. Toda la vida hedonista pasada se convertiría en una vida preocupada y con ganas de buscar soluciones a los problemas del acontecer diario nacional e internacional. Empieza la carrera de análisis, la búsqueda de diagnóstico, con el cual, llegaría a una conclusión escalofriante.

COLOMBIA: LA VENEZUELA DEL FUTURO

Colombia es el país con los mayores recursos naturales del continente y con una historia republicana de estabilidad, a pesar de las fuertes amenazas de las guerrillas y el paramilitarismo, ya que ni en los momentos más cumbre, se desestabilizó el establishment político colombiano. Con una fuerte dependencia del precio del petróleo y de su venta, un tipo de cambio continuamente en proceso de devaluación, una presión fiscal sobre los ciudadanos cada vez más acuciante, una desigualdad económica en crecimiento, fuerte restricciones en las leyes laborales, y finalmente, con el rompimiento del bipartidismo que trajo una sensación de atomización de la política. Una gran parte de los ciudadanos de este país, a pesar de los fuertes problemas, les encanta el placer inmediato, la rumba y el viajar, y debido a ciertos factores económicos, muchas personas andaban distraídas de todo lo que estaba pasando, pero a pesar de lo positivo que vivían, el descontento aumentaba y eso hace que las ideologías más extremas se conviertan en populares. El mejor barómetro para entender eso, es ver el comportamiento de los jóvenes y sus preferencias.

Esa tarde de marzo de 2018 en Bosa, vi miles de jóvenes dando perorata a favor del candidato de la Colombia Humana; ello me hizo recordar las arengas en la Plaza Bolívar y en la Autopista en Caracas, donde estos chicos sentían una relación casi mística con el líder mesiánico del momento. En mi época de juventud sería Hugo Chávez, el de hoy sería el consabido Gustavo Petro. Tenía un déjà vu constante; sentía que la Colombia de 2018 era igual a la Venezuela de 1998. A la luz de los análisis tengo buena parte de razón, pero no en todo de lo que promulgamos en aquellos años.

LA INSTITUCIONALIDAD REPUBLICANA SE MANTUVO

Después de un año de un malintencionado Proceso de Paz, constituyendo un Tribunal político especial como la JEP, Premio Nobel de la Paz al Expresidente Santos, y muchos procesos de marketing y publicidad para que se acepte al izquierdista del momento, la racionalidad se impuso. Y a pesar de las profundas coincidencias que tienen Colombia y Venezuela, hay tres características que han salvado (y no sé por cuánto tiempo lo hará más) a este país: 1) La estructura demográfica de Colombia y Venezuela son muy diferentes. En el primero, la pirámide demográfica está al revés, donde hay una gran cantidad de personas, la mayoría de por sí, pasan los 30 y 40 años, edades que no son muy manipulables, o siquiera más difícil de hacer, la mentalidad de las personas. A diferencia de Venezuela, que la pirámide poblacional está llena en la base, donde la mayoría de las personas se encuentran por debajo de los 25 años, edades donde son muy manipulables y con ideas románticas. Esto influyó mucho en el momento del voto en cada país. 2) Las fuerzas militares en Colombia no están infiltradas por el socialismo, y no se han encontrado logias marxistas, como si hubo en Venezuela, donde no sólo se toleraron revueltas sociales, sino que se incentivó a liderarlas, como lo evidenciaron los dos golpes de Estado de 1992 por Hugo Chávez y su pandilla; esto hizo a su vez que las Fuerzas Armadas en Venezuela abrazaran al chavismo de manera enérgica. Y finalmente, 3) Colombia no tiene los ingentes ingresos petroleros que pudieron financiar a la revolución chavista y poder cambiar toda la institucionalidad venezolana.

La racionalidad ganó en Colombia, pero no por mucho, ya que la opción ganadora no deja de ser una estafa. Las fuerzas lideradas por el expresidente Álvaro Uribe Vélez están totalmente alejadas del ideario libertario, baluarte del capitalismo liberal. Iván Duque no es considerado un político de derecha, sino más bien, es la expresión edulcorada de un socialismo light. Es sólo un status quo con una estabilidad muy precaria que no ha hecho tomar en cuenta todavía la necesidad de entender que estamos posiblemente en las puertas de un socialismo revolucionario.

LA COLOMBIA ACTUAL

Han pasado tres años desde que llegué a esta hermosa tierra, y tuve un proceso de adaptación difícil, pero que considero apegado a la realidad. Ya pasado el episodio electoral Duque vs Petro, la implantación definitiva de la JEP y el supuesto desmantelamiento de las FARC, las marchas aparentemente espontáneas a finales de 2019 (en conjunto de otros países de la región), la llegada del COVID-19 y las fuertes restricciones que vinieron después; estamos parados en el 2021, y ya yo no soy ese ser hedonista que quería ocultar mis pesares y fallas, además de mi identidad política. Puedo decir con propiedad, que estamos otra vez en las puertas de una implantación definitiva del socialismo del siglo XXI (la mayor estafa del actual siglo). La pregunta para muchos es ¿qué hacemos ahora?

Pues estamos a un año de las próximas elecciones presidenciales, donde todavía no sabemos quienes serán los abanderados de la contienda electoral; pero tenemos el imperativo de usar nuestras facultades racionales y económicas para entender la necesidad del capitalismo liberal, el gobierno limitado y la defensa de la propiedad privada; y la mejor manera de lograr ese entendimiento es incentivar el pensamiento crítico, el salir de la zona de confort y lograr que cuestionemos todo. Un cierto grado de escepticismo es sano, para no caer en fanatismo infantiles. La batalla, más allá de que sea cultural, en los medios de comunicación, redes sociales y en los planteles educativos, debe considerarse que estos son sólo canales para llegar a las personas, pues lo más importante es cambiar sus mentes y, el único camino factible para ello, es mediante las familias y los hogares. Lo mejor es sembrar ahora, para cosechar en un futuro estas ideas.

Hoy en día soy un migrante levemente pesimista, principalmente a corto plazo, pero a mediano y, más que todo, a largo plazo, siento que muchas de las ideas compartidas en estas editoriales y demás columnas serán parte de la historia intelectual de Colombia y de LATAM. No se que nos depare el futuro, pero las tribulaciones a ese corto plazo harán sucumbir muchas de las bases de este país. Como diría mi abuela, “Dios nos agarre confesados…


[i] Para mayores referencias, consultar el libro Izquierda sin máscaras (2020), ejecutado por el pleno de El Bastión.

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Otman Dominguez

Economista de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas - Venezuela. Especializado en Econometría y Evaluación de Proyectos para PYMES. Estudioso de la Economía Austriaca. Coordinador del Grupo Libertarios Cali, Miembro Fundador de Derecha Ciudadana, Miembro de la Organización Libertaria de Colombia. Ex Columnista de This is Sillicon Valley, Ex Editor de Reagan Report.

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