EL DESASTROSO ESPECTRO POLÍTICO CRIOLLO

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El discurso hegemónico de la izquierda es una realidad que no se puede negar, y que lejos de mi querer, cada día parece tomar más y más fuerza. Mientras pasa todo esto, el remedo de «derecha» de este país parece estar empecinado en ponerle la alfombra roja a Petro para que entre a la Casa de Nariño. En otras palabras, creo que no hay en este país mejor jefe de campaña para Petro, que la mal llamada derecha, y también creo que por todas las malas decisiones que se han venido tomando no hay forma de que algún candidato hoy pueda generar un contrapeso a lo que propone el caudillo de la Colombia Humana; y no sólo porque se trate de un tema de votos (que también importa), sino que no hay en la palestra alguien que haga contrapeso a Gustavo y que se muestre como muro de contención para lo que se nos viene en el 2022.

En las conversaciones matutinas, esas que por ejemplo se dan en redes sociales y que se caracterizan por parecerse más a un intercambio de insultos, es frecuente leer como unos de manera caprichosa y sin ningún tipo de fundamento, meten a su interlocutor en el saco de la derecha, y, en consecuencia, el “injuriado” guarda silencio o simplemente hace caso omiso de ese calificativo. ¿Pero por qué? ¿Por qué pasa esto? Simple: En Colombia no se tiene certeza que es y que se supone debe representar una persona o un colectivo de derecha; no, nada de eso, acá se hace la fácil y se califica de derecha a todo aquel que no huela a socialdemocracia, buenismo, redistribución de la riqueza y otras tonterías más. Así las cosas, todo lo que no esté perfumado con la fragancia de Gustavo Petro, es de derecha así porque sí.

Irónicamente, el otro bando, el que no es de Gustavo, cree ser de derecha solamente porque apoya a su alter ego, a Uribe y el Partido Centro Democrático, y esto lejos de ser gracioso, que lo es, también es lamentable. La mayoría de los colombianos no tienen ni idea de que son –políticamente hablando– y parecen no tener ningún tipo de interés en saberlo. La zona de confort predilecta de los ruidosos en las redes no sólo es el insulto fácil, sino ese naufragio ideológico que los hace ser sin serlo, o serlo sin saber que son. Que pesar.

Cuando le pregunto a mis amigos y conocidos sobre cómo se perciben (en el contexto de izquierda o derecha), algunos buscan responder haciendo remembranza de la Revolución Francesa y lo que ya se sabe de quienes apoyaban y no a la monarquía del momento; sin embargo, cuando les digo que no tiene mucho sentido usar a raja tabla conceptos aplicados a una sociedad totalmente diferente a la de la Francia de esa época, me tratan de loco o simplemente se aferran a los conceptos de derecha e izquierda de los tiempos de Luis XVI.

Hablando de Colombia y la coyuntura actual me surge una duda: ¿Tiene sentido hoy calificar de «derecha» a quien únicamente apoya a Uribe, o de «izquierda» a quien únicamente apoya a Petro? Yo creo que no, y no sólo creo que no, sino que también creo que es un error garrafal pretender reducir el debate a esa sencilla clasificación. La realidad es que la sociedad colombiana no está polarizada por convicciones, sino por odios, o sea, que hay división no porque se esté seguro de votar por este o por aquel, sino porque en castigo a este o aquel, se dará el voto a su contraparte. Si, lo sé, a los lectores de otro país esto les parecerá loco, pero es lo que hay, e intentar describirlo es complejo sino está la experiencia de haberlo vivido, como si lo tienen mis coterráneos.

Hoy los sectores más escandalosos del país no sólo tienen el apoyo de sus militantes más recalcitrantes, resulta que también tienen a quienes sin militar y sin adherir a las ideas del caudillo de turno, votarán por «castigo» al que creen más malo. Ya sé, ya sé que esto no es nuevo en la historia de mi Chibchombia, pero lo que pasa es que estamos en medio de una pandemia y tenemos a mucha gente cayendo en pobreza, aún mucha más que en años anteriores en los que por ahí no andaba un virus poniendo en evidencia no a la derecha, sino al Estado ineficiente.

Entenderse de derecha o izquierda debería ser una conclusión basada en conceptos y no en pasiones personales; entenderse de derecha o izquierda debería ser, como mínimo, entender que lejos de los discursos impuestos, en Colombia no hay derecha y tampoco hay comunismo, lo que si hay es una socialdemocracia que como es obvio, puede atrofiarse y derivar en un socialismo del más rancio y calamitoso. Entenderse de izquierda y derecha es, en otras palabras, comprender que el uribismo y el petrismo se revuelcan en el mismo lodazal, ese que busca el crecimiento del Estado y la intromisión de este en terrenos que despojan al individuo de su esencia.

A quienes siempre me acompañan con su respectiva lectura, les invito respetuosamente a hacerse el Test de Nolan, que resulta no siendo otra cosa que un cúmulo de preguntas que abarcan lo político y lo económico. Las respuestas a ese test, ayudaran a dar algunas luces con respecto a donde se ubican y por qué. No digo que dejen de votar por Álvaro Uribe o por Gustavo Petro, digo que lo mejor que les puede pasar, es tener una base distinta a la figura de los antes mencionados para ubicarse aquí o allá.

CONCLUSIONES

  1. Este debate electoral que se viene va a ser de lo más repulsivo que se haya visto en la historia de este país. Como digo siempre, a la orden del día estarán los insultos, la demagogia y el populismo, mientras que los argumentos y las propuestas que realmente necesita Colombia seguirán en cuarentena.
  2. Quienes están convencidos de que su ídolo pop es la solución al país, nos están condenando a todos; están sacando conclusiones por pasiones –o por odios–, y eso los lleva a ser sólo unos bobos útiles de los caudillos de este país.
  3. El día que la gente comprenda que ser de «derecha» o ser de «izquierda» trasciende de aplaudir como foca todo lo que sale desde su orilla, ese día avanzaremos como país y el nivel del debate aumentará; al aumentar el nivel, aumenta si o si la calidad de los contendientes.
  4. Desde mi perspectiva, en Colombia no existe la «derecha»; lo que si existe es una socialdemocracia que ataca a Petro, y que a la vez cae en los tópicos que este propone: redistribución de la riqueza, crecimiento del Estado, subsidios por montones y por supuesto, las que nunca fallan, imprimir billetes y aumentar la deuda.
  5. Si bien al inicio dije que el discurso hegemónico de la izquierda crece cada día, también digo ahora que poco a poco,  no al ritmo ni con el desdén del discurso zurdo, el discurso liberal va tomando fuerza y se posiciona en charlas y debates. Me alegra ver como poco a poco los liberales pasamos a ser el objetivo por derrotar de la izquierda; y la derecha, esa que no existe, pierde su vigencia por inepta y soberbia.
  6. No creo que lo que necesite este país sea un gobierno de derecha (mucho menos uno de izquierda), lo que sí creo, es que la necesidad primaria es culturizar al elector y sin caer en tecnicismos y fintas semánticas, ser asertivos y llevar el mensaje que mejor está acompañado por la evidencia; si, así es, el del liberalismo.
  7. Como lo dije en mi columna anterior, veo necesario que Petro llegue al poder. Sólo cuando eso pase, podremos decirle a la cara a los fanáticos de ese tipo que tal cual como lo vaticinamos, así pasó; su ídolo pop, sus discursos y sus propuestas absurdas, lejos de ser beneficiosas para el país, resultaron siendo una guillotina para las futuras generaciones… Aunque ya sé que dirán después del fracaso de Gustavo Petro: “que eso no era izquierda pura”, tal cual hacen con Maduro, Fidel Castro o Lenin.
  8. Duque: el Presidente de Colombia, también funge como Presidente de Campaña de Gustavo Petro. Han sido tantas malas decisiones acumuladas, que cada embarrada, por mínima que sea, pasa a ser caldo de cultivo para que la narrativa de la progresía tome fuerza.
  9. El único movimiento capaz de cambiar el statu quo en Colombia, es el liberal; nosotros buscamos materializar lo que la evidencia empírica dice, no lo que una ideología alimenta con discursos pasionales y carentes de contrastación. ¡Aclaro! No hablo de militantes y candidatos del Partido Liberal, sino de los que venimos de Adam Smith. Los del trapo rojo también son socialdemócratas con fuertes tendencias a la izquierda.
  10. El centro no existe, así que Fajardo tampoco es una opción viable.
SergioTorres
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Padre, Hijo, esposo, hermano y amigo. Estudiante de derecho (9 semestre), orientador laboral, columnista en medios de comunicación alternativos y fiel defensor de las ideas que considero correctas.
SergioTorres
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