Cuando en abril del 2021 el expresidente Guillermo Lasso ganó los comicios electorales, la aspiración de los ciudadanos era el cambio, pues como dicen por ahí “la esperanza es lo último que se pierde”. Todo, con algunas similitudes a lo que hoy nos avocamos: crisis económicadesigualdad social y, principalmente, desempleo, además de pasar de una pandemia a una crisis nunca antes vista del factor seguridad, pudiendo agregarse también la situación energética que atraviesa el país. Si bien ningún Gobierno es del todo malo, porque siempre hay aspectos que son rescatables, es importante ser cautelosos al momento de señalar que este –o su mandatario en turno– pasen a la historia como “el mejor”; de ahí que el balance objetivo que se realice debe alejarse de cualquier vicio, sea ideológico, político, o incluso emocional.

Es claro que la inseguridad no solo se trata de percepción, pues es una realidad latente y que genera zozobra y temor. Aunque los orígenes de la inseguridad ya se encuentran muy bien identificados, así como también sus gestores, seguir aludiendo al pasado y no reconocer que no se fue capaz de remediar la situación, deja solo en evidencia la falta de accionar y la incapacidad de realización de los responsables de esta y otras problemáticas que se presentaron durante el mandato de Lasso. Asimismo, iniciar con un círculo cerrado de colaboradores sin ver la posibilidad de incluir profesionales –igualmente aptos– de otros sectores, lleva equivocadamente a creer que solamente está en unos pocos tener las soluciones para cualquiera de nuestras grandes demandas sociales.

La gestión política estuvo ausente. No se contó con interlocutores idóneos para tender los puentes con grupos –no solo políticos– con los que se pudieran generar coincidencias. La ejecución presupuestaria fue una tarea pendiente –la falta de recursos suficientes cobró factura– y colocó de manifiesto la falta de planificación de gran parte del sector público. Los problemas en la atención de la red pública de salud, así como también en la seguridad social, continúan y sin solución a la vista, tras un Gobierno que indicó sería su principal preocupación.

La lista de situaciones apremiantes sigue, y muchas de ellos probablemente se hubieran evitado si se actuaba sin miedos ni presiones; por ejemplo, tras una célebre campaña de vacunación, se perdió un momento de oro para las reformas. Destacando esto, particularmente, es innegable que nuestro proceso de vacunación contra el COVID-19 y sus variantes fue de los más exitosos del mundo, pese a que generó más expectativas sobre qué esperar de ese Gobierno, sumado a que puso sobre la mesa la discusión a la desnutrición crónica infantil que hipoteca la vida y las oportunidades de muchos niños, jóvenes y madres de familia.

Por su parte, en el aspecto económico, el canje de deuda para desarrollar procesos de conservación en Islas Galápagos, así como la importante apertura comercial desarrollada, claramente, son aportes significativos para el futuro del país.

El balance del Gobierno Lasso cada ciudadano lo determinará. Las autoridades que ya salieron serán juzgados por la historia, y siempre, como normalmente ocurre, dirán que fue el Gobierno que “transformó al Ecuador”. Usted estimado lector, decídalo a su criterio, pues desde ahora, a aproximadamente una semana de establecerse como el nuevo inquilino del Palacio de Carondelet, analizar la administración del Presidente Daniel Noboa será nuestro enfoque.

Jorge Calderón
Jorge Calderón

Economista de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG). Magíster en Administración de Empresas de la Universidad Espíritu Santo (UEES) y master of Management de Tulane University (Nueva Orleans). Rector del Tecnológico Universitario Argos (Guayaquil Ecuador). Miembro del «Foro Libertad y Prosperidad» (Instituto Ecuatoriano de Economía Política), del Consejo Asesor Internacional de la ONG «Mujeres Líderes Políticas» (Capítulo Ecuador) y de la Junta Directiva del «Thomas Jefferson Institute for the Americas» de los Estados Unidos. Embajador de la ciudad de Guayaquil para Congresos y Convenciones por la Empresa Pública Municipal de Turismo de Guayaquil.

Empresario y consultor, se desempeña también como docente de posgrado de Escritura Académica, Análisis Económico Mundial y Metodología de la Investigación en diferentes universidades del Ecuador. Es además, analista y coach económico en varios medios de comunicación de su país y el mundo, y columnista permanente de la «Revista Comercio» de la Cámara de Comercio de Guayaquil y del «Diario Correo» (Machala Ecuador).

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