EL DELIRIO DE LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL EN COLOMBIA – Parte 3

Nota:

Este es el último artículo de un especial que consta de tres partes. Para entender todo, debes leer las dos primeras:

¿CÓMO SALIMOS DE ESTA?

En las dos primeras partes evidencié, más allá de la duda razonable, la inviabilidad presupuestal de implementar en Colombia una renta básica universal; si sacamos los recursos solo del presupuesto actual o vía crédito. Pero todavía hay más formas de financiar esto; sin causar un agravio de magnitudes colosales en la clase media del país.

Pero antes de dar respuesta final, primero dejaré claro que nuestra propuesta no es una Renta Básica Universal. Hablamos pues de una:

Renta Subsidiaria de Subsistencia

Esta propuesta, la realizó el economista austriaco Friedrich Hayek. La cual y a grandes rasgos, apoya la idea de ayudar a aquellas personas que, y aquí lo importante, no puedan de ninguna manera tener forma autónoma de subsistencia propia, entorno al libre mercado.

Esta es su más grande diferencia. Si aplicamos este concepto a la realidad colombiana actual, el Estado solo serviría como un fiel guardián de un fondo financiero que, llegado un momento de crisis como este y siendo la última opción posible; pueda apoyar a la mayor cantidad de personas que se les ha prohibido trabajar por la cuarentena.

O sea, no se basa en crear una nueva política social y menos financiarlo con un nuevo impuesto o matar económicamente a las generaciones futuras vía créditos. Simplemente sería tener un fondo común financiado con impuestos captados en años anteriores; el cual se pueda usar para casos realmente extremos como este. Como nos enseña la parábola de José; “hay que ahorrar en tiempos de abundancia, para soportar los años de escasez.”

Características diferenciales

Las principales diferencias que propongo, ya que Hayeck deja libre este aspecto, que debe tener la Renta Subsidiaria frente a la Renta de Emergencia propuesta por los senadores son:

  1. Focalización; se apoyaría a personas mayores de edad, cabeza de hogar y de estratos bajos.
  2. Valor; esta siempre debe estar por debajo del menor salario pagado dentro de una economía. Para el caso colombiano, seria máximo hasta el 60% del salario mínimo.
  3. Compromiso; todos aquellos que sean beneficiarios y sean aptos para el mercado laboral, deben estar enlistados en organismos que ayuden a la reinserción. Esto significa que los beneficiarios que no muestren dicho compromiso, sean sacados del programa de manera inmediata. Obviamente caso que no sea apto, no le rige esta restricción.
  4. Temporalidad; el Estado colombiano no tiene todavía la robustez presupuestal para sostener este gasto por mucho tiempo. Por ende, la duración será directamente proporcional a los recursos obtenidos.

Estas restricciones nos son al azar por tres razones. Primero; buscan que sea presupuestalmente viable (cosa que la propuesta de los Senadores no tiene). Segundo; evitar el incentivo de no volver a la vida productiva, ya que se percibe mejores ganancias siendo desempleado. Por ultimo; es claro que darle dinero al que ya posee, es ineficiente e ineficaz.

Aun con todo, admito que estas no serian las únicas, pero si las más importantes. Y, para los que ya se preguntan cómo se financiaría, la única opción sensata a la mano es:

Privatizaciones

Como libertario, siempre la privatización será la mejor opción para financiar cualquier programa de beneficio social que se ponga sobre la mesa. Esto es porque, se va aligerando la intromisión del Estado donde no lo llaman (la economía) y evita destrozos como la inflación o la creación de impuestos. Pero y ¿Qué se privatizaría? Bueno, viendo los cambios en el mercado internacional y los activos de mayor valor del Estado.

Adiós Ecopetrol

Admito que este subtitulo es un poco escandaloso y ahí yace su existencia. Pero no es mentira que el mercado internacional empieza cambiar su percepción sobre el producto principal de esta empresa; el petróleo.

Sobra decir lo desastroso del día en que los precios tocaron, en algún punto, terreno negativo. Este tipo de eventos, y sin necesidad de ser un experto, sirve para prever que el éxito del petróleo está llegando a su fin y que es necesario repensar, además de que no es sano que el Estado monopolice mercados, depender tanto de un commodity.

Lastimosamente una privatización completa, como los libertarios deseamos, es totalmente imposible por ahora. Pero también es cierto que, para financiar esta medida, solo es necesario subastar el 8% de Ecopetrol. Algo ya planteado en enero del 2019 por el actual ministro de hacienda.

Basados en los expuesto, en esa noticia ese 8.5% podría representar máximo $10 billones de pesos, una cantidad muy necesaria en esta crisis. No obstante, siendo sinceros, esta cifra hoy día debe ser seguramente menor. Castiguemos esa cifra entonces en un 30%, daría como resultado que, por la venta, el Estado obtendría $7 billones.

Si dividimos ese valor por el máximo tope de la Renta Subsidiaria que son $527.000 pesos (60% de un salario mínimo); hablaríamos de 4.427.577 familias beneficiadas, por un periodo de 3 meses. Así pues, solo sería tener la voluntad política necesaria para hacer realidad este subsidio.

Como no puede ser de otra forma, es hora de sentar la opinión

En este camino de realizar este especial, tras arduas horas de investigación y consulta. Me he percatado de la inviabilidad política, fiscal, económica y jurídica de Colombia. Somos un país construido cual Frankestein; que va por la vida adhiriendo cosas a su asimétrico y deformado cuerpo. Todo ello, motivado principalmente, por las fotos y los titulares; así eso nos condene a la más miserable pobreza.

Un monstruo sin límites

Hablo del quehacer del gobierno, claramente. A ese monstro hipertrofiado que hoy a duras penas tiene para respirar, le asignamos cuanto propósito, beneficioso o no, se nos ponga en la mente. Obviamente, esto es el caldo de cultivo perfecto para los politiqueros de discurso fácil. Esos que ven en cada situación delicada una oportunidad perfecta para cercenar, cual carnicero psicópata, las libertades individuales. No sin antes consumir, en un acto de glotonería digna de repulsión, el dinero de los que juran “ayudar y representar”.

No les interesa si X o Y empresa cierra o se va del país. No les importa si los recursos obtenidos, vienen de la expropiación derivada de las ganancias; como la doble carga impositiva del impuesto a la renta emparejada con el impuesto al patrimonio. O sí fue necesario aumentar el I.V.A. por el contrario, eso les gusta. La pobreza genera en la población dependencia a ese monstruo que respira dinero y exhala corrupción. Esa bestia antropófaga que emula para muchos a Dios. Ese monstruo llamado “El Estado”.

Y no se confundan ni por un segundo, ellos no buscan el beneficio social genuino, ni el “bienestar general”, ni mucho menos el caballo de Troya más grande en la era moderna humana; “la justicia social”. Ellos solo buscan el poder a costa del sufrimiento y la mendicidad de personas que ahora en plena pandemia, están sufriendo de manera incalculable.

Cerrando filas

No importa la posición política que uno tenga, al final, la idea es que todos tengamos una mejor calidad de vida. Citando al maestro Hayeck en Camino de servidumbre (1944):

“No hay duda de que podemos garantizar a todo el mundo un mínimo de comida, de cobijo o de vestimenta que sea suficiente para preservar su salud y su capacidad para trabajar.”

Pero eso no significa, en ningún momento, hacer política ofreciendo un plato de comida al que ha padecido hambre; sabiendo que no podrá cumplir o peor aún, a costa del empobrecimiento de otros.

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Carlos Noriega

Administrador de empresas con ocho años de experiencia en formulación y ejecución de proyectos productivos de capital privado, público y mixto

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