GRANDES LIBERTARIOS DE LATINOAMÉRICA: MANUEL FRANCISCO AYAU | Cápsula Dos: Diseño de una economía de libre mercado

NOTA:

Esta es la segunda, de una serie de entregas llamadas Cápsulas, en honor al gran intelectual guatemalteco Manuel Ayau, ya que éste, en su labor docente, llamaba así a sus clases en la Universidad Francisco Marroquín (UFM); y en cada una de ellas, desarrollaba una temática particular desde la óptica de la Escuela Austriaca de Economía, de la cual, formaba parte integral. Para poder comprenderla mejor, te recomendamos la lectura de la primera:

Haz clic AQUÍ para leer la Cápsula Uno: Introducción a una vida liberal.

Una economía de libre mercado, es el mejor motor para impulsar el desarrollo de una sociedad; por ende, los mayores beneficiarios son los ciudadanos que viven en la región. Los ejemplos, abundan por todo el globo y se evidencian claramente cuando se revisan los reportes anuales de organizaciones como Doing Business o The Heritage Foundation, las cuales, presentan escalas de libertad económica y el grado de desarrollo de cada uno de los casi doscientos países que componen sus informes. Allí, queda plasmado que entre más libre sea un país en materia económica: más rico, más próspero y más desarrollado es en comparación con los países que se cierran o crean barreras para que fluya el comercio, tanto interno como externo.

Los contradictores de la economía de libre mercado, argumentan que la prosperidad económica, sólo beneficia a una clase social dominante y privilegiada; pero la realidad contrasta radicalmente con esa afirmación. Los informes de las fundaciones previamente citadas, demuestran que, en los países más desarrollados, el número de pobres es mucho menor en comparación con los países menos libres; y si el problema es la desigualdad, como argumentan otros opositores al capitalismo, la situación también es favorable en los países desarrollados, teniendo Coeficientes de Gini menores que en los países oprimidos.

En una de las conferencias dictadas por el profesor Manuel Ayau, expone que la economía de libre mercado, debe ser diseñada, pero no desde el punto de vista de decir: ¿qué hacer?, ¿cuáles relaciones son permitidas? o ¿qué prohibiciones son aplicadas? Lo que propone es partir desde la Constitución Política de cada país, en donde se debe garantizar la protección de los tres principios básicos sobre los cuales se fundamenta el libre mercado: el respeto a la vida, el respeto a la propiedad y el respeto a los compromisos.

El libre mercado es completamente espontáneo. Gracias a eso, es imposible que desde un gobierno central, se puedan determinar todas las posibles interacciones y consecuencias de cualquier medida que se determine o se imponga; es allí, donde los privados crean sus “reglas de juego” mediante los contratos. El poder público sólo se debe limitar a custodiar que sean cumplidos los principios fundamentales.

Cuando un gobierno satisface las necesidades de seguridad y justicia, los actores del mercado comienzan una carrera de virtudes para poder adquirir la aceptación de los compradores. Los proveedores de servicios saben que tienen que brindarlos de una mejor manera que sus competidores; pero no siempre es el precio el que determina quien se lleva el favor del comprador, también se tienen aspectos éticos y morales como el trato al cliente, el servicio posventa, la calidad superior del producto y una infinidad de argumentos adicionales, que pueden satisfacer a una clase de cliente en específico. Eso hace que, dentro del mercado, se puedan vender vehículos suntuosos que prestan el mismo servicio que un vehículo seguro y económico. Es por ello que, si el gobierno se encarga de protegernos del robo, del fraude, del engaño, del incumplimiento de los contratos, entre otros, a las personas sólo les queda la opción de satisfacer mejor al cliente otorgando mejores calidades y servicios; por otro lado, el cliente tiene la obligación de cumplir con los pactos adquiridos. Es un circulo virtuoso, en donde todos los actores tienen que ser éticos y eso significa que siempre buscarán servir mejor al prójimo, lo que hace del capitalismo, la verdadera doctrina de la paz y las buenas relaciones entre los seres humanos.

Cuando las personas deciden, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde? desean intervenir en las actividades del mercado, se llega a tener una sociedad libre. Cuando el gobierno se encarga de velar por el cumplimiento de las normas preestablecidas en el párrafo anterior, donde nadie pueda estar por encima de los derechos de los demás, se puede llegar a la conclusión de que se tiene una economía de libre mercado.

La libertad no es absoluta y siempre se da dentro de un marco de la vida en sociedad; por lo tanto, es un concepto social. Una persona en una isla desierta no se pregunta si es libre o no de hacer una acción u otra, ya que no existe el medio que imponga alguna restricción, a menos que sea un imposible fáctico, por ejemplo: ser libre de dormir 40 horas en un día, imposible de realizar; o la libertad de dar un salto de 10 metros hacia arriba, un imposible fisiológico. Por lo tanto, la vida en sociedad requiere de unos principios básicos aceptados por todos, en donde cada individuo pueda desarrollar su vida, siempre y cuando no interfiera con las libertades de los demás.

La vida dentro de una sociedad se resume en una imposición de restricciones; cada quien acepta hasta donde está dispuesto a suprimir sus libertades, con el fin de que se le respeten los mismos límites. Es muy importante recalcar que, el concepto de libertad dentro de la vida en sociedad, nace de la prohibición de acciones que afectan a los demás. Otro ejemplo de libertad, está en las relaciones laborales, en donde una persona se compromete a realizar las actividades que le impone otra, a cambio de un salario; allí existe una relación entre personas libres y la regulación por parte del Estado, consiste en que no se realicen actividades en contra de la moral, la ética o actividades de carácter ilegal dentro del mismo marco regulatorio, así que un empleado no puede hacer lo que desea, escudándose en la libertad, ya que estaría incumpliendo un contrato.

Confucio hace más de 2500 años dijo: “no le hagas al resto, lo que no quieres que te hagan a ti”, de allí parten las políticas del derecho humano y de la vida en sociedad. Por lo tanto, la libertad es de carácter recíproco, y el Estado como ente regulador, se debe limitar a la protección y a que nadie traspase los límites acordados por el contrato social. Pero, cuando el Estado comienza a crear de manera arbitraria, una serie de nuevas reglas que interfieren en el desarrollo de la vida diaria, se pierde inmediatamente la libertad y se comienza a vivir en una sociedad de “súbditos” que sólo se rigen por la voluntad del gobernante de turno.

Lo mismo pasa con el mercado; éste deja de ser libre, cuando una serie de regulaciones, restricciones, procedimientos, …, deciden ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde? deben actuar los diferentes participantes en un proceso que debería estar regido por el libre albedrío, y cambia inmediatamente de sistema y pasa a ser una economía intervenida, la cual es la vía expresa al subdesarrollo de un país.

El ejemplo más claro de diseño de una economía, lo presentó a mediados del siglo XIX el presidente argentino Juan Bautista Alberdi, el cual, en el año 1853, hace una nueva Constitución que se basó en las libertades para los inmigrantes: la libertad para la creación de empresas, los bajos impuestos y las pocas restricciones en el comercio. El resultado fue que, en menos de 30 años, Argentina pasó de ser un país pobre, a convertirse en el país más rico del mundo para finales del siglo XIX; los inmigrantes europeos tomaban los barcos hacía New York o hacia Buenos Aires, indistintamente, y lo hacía simplemente por el orden de salida de estos. El contraejemplo lo da el mismo país, cuando el presidente Juan Domingo Perón, en “alas de la justicia social”, cambia la Constitución de Alberdi en el año 1949, por considerarla individualista y poco cooperativa; para crear una altamente concentrada en los poderes del Estado, y hoy, ese otrora pueblo envidiado por el mundo entero, no figura siquiera dentro de los primeros 100 países más ricos del mundo y en Suramérica es una pálida sombra de lo que fue.

Para el caso colombiano, la situación fue muy similar; la creación de los Estados Unidos de Colombia, con la Constitución Política de 1863, estableció una bonanza nunca antes vista, en donde el crecimiento del producto interno bruto fue de 254% en los 23 años que tuvo vigencia la carta magna. Luego, el presidente Rafael Núñez, crea una nueva Constitución en el año 1886, donde concentró todo el poder en la Capital de la República, y nunca más se vieron los niveles de desarrollo y libertad presentados por la Constitución predecesora.

No importa qué tan indiferentes seamos en los temas políticos o qué tan indiferentes seamos en la discusión de los temas vitales para la vida en sociedad; esta actitud, puede llevar al desastre de generaciones enteras. Por el contrario, de ser responsables con nuestras obligaciones y con nuestros deberes; podemos ponerle fin a los Estados controladores y mal llamados de “Bienestar”, y así, migrar hacia las doctrinas de la libertad que tanto nos benefician a todos.

Carlos Andres Echavarria Blandon

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