HABLEMOS DE PRODUCTIVIDAD | Parte 2

Con esto queda sentenciado entonces que, la disminución del tiempo, sin un trasfondo justificante, en nada sirve para aumentar la productividad. Y es precisamente en NADA, lo que subirá la productividad del país con este “Proyecto de Ley” aprobado en el Senado. Lo peor de todo es que, al no tener la necesaria argumentación científica o financiera, dicha reducción de tiempo –expresado en máximo de horas laborables– puede traer problemas para las empresas y, en consecuencia, para la economía, aumentando la crisis.

Hace poco más de dos (2) años publiqué la primera parte de esta pseudoserie –porque en un punto pensé no continuaría– en la que exponía las verdaderas formas mediante las cuales las empresas pueden aumentar su productividad. El móvil de todo fue la aprobación de una ley muy contraproducente para la economía por parte del que era, en ese momento, el partido dominante: Centro Democrático, señalado, erróneamente, como “el muro de contención contra el socialismo”.

Hoy que estamos lidiando con un Presidente populista y terraplanista económico, las dimensiones sobre el aumento de esa crisis predicha –que se cumplió– tomaron una escala mayor. Pero corresponde verla por partes.

BIENVENIDOS A LA ERA DE LA ULTRA-EXPLOTACIÓN

Es bastante curioso e irónico contemplar a la mayoría de los votantes del actual Gobierno ser los primeros en rasgarse las vestiduras y hacer un escándalo en redes sociales cuando sale una denuncia –creíble o no– en contra de malas prácticas laborales y, al mismo tiempo, sacar pecho y alabar proyectos de ley obtusos que, en vez de ayudar, empeoran la problemática.

Me explico un poco. Supongamos que la empresa Empanadas Ricas S.A. tiene un promedio de fabricación de cinco mil (5.000) empanadas semanales, con una planta de cinco (5) operarios dedicados exclusivamente a esa tarea; haciendo unos cuantos cálculos simples, da como resultado que por empleado se fabrica, en una semana laboral, mil (1.000) empanadas.

Ahora, bajo la vieja ley esto daría que cada empleado debe realizar 21 empanadas por hora laborada durante la semana (recordemos que el máximo de horas era 48). Teniendo esa ratio, podemos entonces calcular en cuanto se deben aumentar el número de empanadas a fabricar por hora con el nuevo tope máximo de 42:

Redondeando hacia arriba, con la nueva jornada, cada empleado debe fabricar cuatro (4) empanadas de más por hora a la semana, lo que necesariamente exigirá acortar los mínimos de tiempos de fabricación por cada empanada. Este tiempo saldrá, obligatoriamente, de la vigilancia permanente de las actividades del empleado dentro de las instalaciones.

No es factible agregarle más segundos a los minutos, ni minutos a las horas. Aunque si es factible reducir al mínimo el tiempo de ir al baño, el tiempo de almuerzo y, por supuesto, la eliminación total o parcial de las pausas activas. Asimismo, sería necesario ser más drásticos con las sanciones por improductividad o espacios muertos por llegadas tarde. De cualquier forma, los más probable es que el primer impacto sea un mayor aumento de la presión por resultados, que ira destruyendo la calidad de vida del trabajador durante su jornada.

AUMENTO DE PRECIOS O DESPIDOS

A diferencia del socialismo y el comunismo económico, el poco capitalismo que existe en Colombia si permite realizar un cálculo económico certero sobre los productos y servicios que se demandan y ofrecen a diario. El reducir la jornada laboral, sosteniendo los mismos costos –ya de por sí muy altos–, generará un aumento en aquellos a los que les sea imposible exprimir más a sus empleados.

Un caso sería el sector servicios que depende de un horario específico. Si en realidad ya no hay forma de maximizar a la planta actual para ajustar la disminución de la jornada, la empresa nuevamente tiene dos caminos: reducir empleados o aumentar precios. Si bien es natural pensar que despedir es una mejor solución, hay muchas variables a tomar en cuenta.

El primero sería si la empresa posee un punto de equilibrio en cuanto a sus necesidades de talento humano o, en palabras castizas, que ya la empresa tiene el mínimo de empleados necesario para su efectivo funcionamiento. El segundo son los costes del despido, que en Colombia significan desangrar los preciados recursos financieros. Entonces, recurrir al aumento de precios para cubrir ese excedente de costos laborales, ya suena a una mejor opción.

Como quiera que fuese el panorama laboral ¡no es alentador!, pero me gustaría dejar constancia de que no todo es culpa del populista de Petro. Es menester, por honestidad intelectual y moral, que también se señale al Partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez: el Centro Democrático, y a su persona, por seguir impulsando estas leyes que favorecen a la narrativa controladora del Estado en la economía, como si fuese un agente impoluto y omnisciente sobre dichos temas.

Carlos Noriega
Carlos Noriega

Barranquillero. Administrador de empresas y maestrante de finanzas públicas. Director ejecutivo (CEO) y miembro fundador del medio digital liberal/libertario El Bastión y de la Corporación PrimaEvo.

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